Editorial

Un anuncio esperanzador

Bienvenida la intención de sometimiento del ‘clan Úsuga’.

06 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Apenas un día después de la declaración del cese del fuego y de hostilidades con la guerrilla del Eln, que regirá por 102 días desde el 1.° de octubre, el país recibe la noticia de que el tenebroso ‘clan Úsuga’, también conocido como ‘clan del Golfo’, ha iniciado acciones concretas para someterse a la justicia.

Es un anuncio esperanzador, pero que, cuando se trata de este tipo de organizaciones, debe recibirse con la cautela necesaria. Hace tan solo unos días, la contundente acción del Estado puso fuera de juego a ‘Gavilán’, el jefe más guerrerista de esa banda criminal y quien se había convertido en un verdadero azote para las comunidades del Urabá, en donde pasó escondido los últimos seis años ante la constante persecución de las autoridades.

Esa demostración de que la única opción para el crimen es someterse a la justicia o exponerse a recibir toda la fuerza del Estado seguramente ha calado en la cúpula del ‘clan’ y en sus bases, que en dos años han perdido a 12 de sus principales capos y a más de la mitad de sus hombres en armas. Además, en este mismo lapso la Fiscalía les ha incautado fortunas ilegales por un valor cercano al billón de pesos, así como casi un centenar de toneladas de cocaína.

Se les debe tender la mano si
se ciñen a las reglas de juego de la justicia, sin abandonar el uso de
la fuerza del Estado

En dos cortos videos en los que por primera vez da la cara frente al país, ‘Otoniel’, máxima cabeza de la banda, asegura que busca “una salida firme y voluntaria” para sus hombres y espera de la justicia colombiana “garantías que lleven a la reconciliación nacional”.

Sin duda, la posibilidad de tener fuera del juego a este grupo, con presencia criminal en 12 departamentos, es clave para la seguridad en el posconflicto. Pero, como bien lo ha advertido el Gobierno Nacional por intermedio del presidente Juan Manuel Santos, esto solo será posible en el entendido de que es un sometimiento a la justicia y no una negociación política.

Aun así, también es claro que ‘Otoniel’ y sus secuaces insisten en presentar a su banda como ‘Autodefensas Gaitanistas’, en una estrategia encaminada a buscar que, como ocurrió en el proceso de paz con los ‘paras’, narcos purasangre terminen recibiendo penas alternativas.

El Gobierno ha encomendado la dirección del incipiente proceso a la persona más caracterizada para esa tarea, el vicepresidente Óscar Naranjo, quien es garantía de que el legítimo interés por desarticular el cartel más poderoso del país no se hará con pasos apresurados o concesiones que pongan en juego la justicia y la seguridad de los colombianos.

Como sucedió a lo largo de la última década, el Estado y los colombianos han demostrado que pueden enfrentar todas las amenazas, incluso aquellas que por años parecían intocables. Así ocurrió con algunos de los principales jefes de las Farc –factor que, sin duda, llevó a esa guerrilla a negociar la paz–, y así ha pasado con todas las bandas criminales, entre ellas la de ‘los Úsuga’.

El camino, entonces, es claro: tender la mano para quienes deseen someterse a la justicia bajo las actuales reglas de juego y mantener la estrategia del uso legítimo de la fuerza del Estado para combatir a quienes persisten en el crimen.

editorial@eltiempo.com

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