Editorial

Un acto aleccionador

Basta leer el relato de Fabiola Perdomo para entender la urgencia de reconciliación y reparación.

13 de septiembre 2016 , 07:03 p.m.

Fue conmovedor y tenso el encuentro que sostuvieron en La Habana, el sábado pasado, familiares de los 11 diputados del Valle asesinados por las Farc en el 2007, y de Sigifredo López, único sobreviviente de aquella desgracia, con miembros de la cúpula guerrillera, entre ellos ‘Iván Márquez’, ‘Joaquín Gómez’ y ‘Pablo Catatumbo’. Más cuando las víctimas llevaban un peso más en el alma, pues se cumplía la misma fecha en que hace nueve años les entregaron a sus muertos.

No es la primera vez que los jefes de esa guerrilla se reúnen con víctimas. Durante más de un año, y en medio de las negociaciones de paz, 60 personas, escogidas por Naciones Unidas, la Universidad Nacional y la Iglesia, divididas en cinco delegaciones, tuvieron oportunidad de verse cara a cara con los representantes de las Farc. Ellas padecieron los horrores de la guerra, de parte de todos los actores, valga decirlo, y sufrieron los diversos hechos victimizantes. O sea, todas las tropelías e irrespetos a la dignidad humana. Y en muchas ocasiones fueron estigmatizadas e incomprendidas después de ese valiente acto.

Cada una de estas necesarias citas ha sido dramática y tensa, y se necesita coraje y dignidad para afrontarlas. Y cada una habrá dejado el alivio que mejor se haya podido y aceptado. La del sábado, descrita en este diario por Fabiola Perdomo, viuda de Juan Carlos Narváez, uno de los 11 diputados que entregaron su vida en aquel miserable episodio, estremece. Y puede ser aleccionadora. Tiene todos los elementos de lo que son las peores torpezas del conflicto, y lo que significa mirar a los ojos a los victimarios –que han bajado las armas de la arrogancia–, oírlos reconocer sus culpas y pedir perdón. Además, del indispensable hecho de saber la verdad. De despejar eselacerante interrogante de por qué. Y aliviarse un poco al escuchar un arrepentimiento. Tal descarga emocional debe ser reparadora.

Pero basta releer el relato de Perdomo para entender la urgencia de la reconciliación y la reparación. Y ojalá la petición de perdón sea pronto al país entero. Eso aún se echa de menos.editorial@eltiempo.com

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