Editorial

Turismo sexual en auge

El primer paso para enfrentar este flagelo es reconocer su existencia y las dimensiones alcanzadas.

13 de noviembre 2017 , 11:36 p.m.

La sola expresión es lamentable: ‘turismo sexual’. Podría decirse que es una de las peores plagas que pueden caer sobre una ciudad: la explotación de las personas para el divertimento de los viajeros. Sin duda, ha empobrecido aún más a la bella Cartagena, que de por sí tiene problemas sociales tan hondos. Y, como si no hubieran sido suficientes los reveses superados, ahora ha llegado con fuerza inusitada a la ciudad de Medellín: la semana pasada se supo, gracias a la información de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades), que la práctica está aumentando en los sectores de La Candelaria y de El Poblado.

Se habla de repugnantes paquetes de ‘rumba dura’ –con droga barata, prostitución, prostitución infantil, pornografía infantil, venta de virginidades, sexo sin preservativo y protección especial– para extranjeros de Estados Unidos, de Europa, de Asia. Se señala a la red criminal ‘la Oficina’ como principal responsable de un negocio que ha engendrado una nueva violencia en la capital de Antioquia, pero denuncia, asimismo, la presencia de traficantes extranjeros que han convertido la ciudad en una batalla campal.

Es claro también que las autoridades de Medellín, desde la Alcaldía hasta la Policía, han reaccionado como un bloque en defensa de la institucionalidad, de la ciudadanía y de la dignidad de todos aquellos que han terminado atrapados en una red asesina y degradante. Se promociona hoy a Medellín –cuentan– como un paraíso para ‘el placer’ a mejor precio, pero lo cierto es que el negocio del ‘turismo sexual’ enrarece, oscurece, asola a una ciudad que tiene desde su origen la vocación de ser mejor y que está llena de logros y espacios para la cultura.

Fue un documental de Discovery Channel, ‘El mercado de la inocencia’, el que esta vez puso en evidencia lo que está sucediendo en Medellín: si en las semanas pasadas se ha hablado de ‘narcoturismo’, que peor palabra no puede haber surgido en estos tiempos, ahora se ha descrito un plan turístico que promete una guía por la ciudad con acompañamiento de prostitutas o prostitutos de todas las edades.

Medellín está enfrentando el problema de la manera correcta. Erradicarlo debe ser un propósito que involucre a todo el país

Se trata de una batalla más en la guerra contra una delincuencia que siempre está buscando seres humanos para explotar, para ofrecer, para vender. Los extranjeros, que, según ha dicho la ONU, son jóvenes entre los 19 y los 26 años, se enteran por internet, como si la pedofilia y la violencia fueran un plan de vacaciones. Se sienten atraídos por esta ciudad a causa de su pasado.

Medellín está enfrentando el flagelo del ‘narcoturismo sexual’ de la manera correcta. Por un lado, visibilizando el drama social, lleno de pobreza y de necesidades insatisfechas, para que lo que ha venido pasando deje de ser un secreto a voces que corroe las capas sociales de la ciudad.

Por otro lado, enfocándose en todo lo bueno que pasa en tantas esquinas de su ciudad: no es mentira que Medellín sea una ‘ciudad de artistas’ ni es mentira que suceden el arte, la literatura y la música mientras sucede el horror, y es importante que lo tengan claro todos esos turistas que vienen a la capital de Antioquia a hacer una pausa dentro de la ley.

editorial@eltiempo.com

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