Editorial

Trump: una gira de dos caras

La primera salida internacional del mandatario dejó más dudas sobra la política exterior de EE. UU.

29 de mayo 2017 , 04:16 a.m.

Quizás el episodio que mejor representa lo que fue la primera gira internacional del presidente estadounidense, Donald Trump, sucedió en Bruselas. Desesperado al quedar tapado por el grupo de mandatarios, empujó al primer ministro de Montenegro, Dusko Markovic, para quedar en primera línea antes de una foto en la Cumbre de la Otán. La imagen se volvió viral.

A veces incómodo, a veces en fuera de lugar, Trump inició su gira en Arabia Saudí en medio de una danza de sables, firmando un acuerdo de venta de armas por 110.000 millones de dólares y sentando las bases de pactos comerciales por otros 270.000 millones.

Nueve días después terminó en Sicilia, en la cumbre del G-7, dejando en vilo el compromiso de su gobierno con el cambio climático y el Acuerdo de París 2015, al que los demás expresaron un cerrado apoyo. Fue un 6-1 contra Trump.

En el intermedio visitó Jerusalén y Belén, pretendiendo relanzar el proceso de paz entre israelíes y palestinos, pero no llevó propuestas concretas. Más aún, evitó los temas calientes. No criticó a Israel por su política de colonización –al contrario de Obama– y exhibió una gran sintonía con el primer ministro Netanyahu –también lo opuesto a Obama–; pero no dejó ver su apoyo a la solución de dos Estados. Su foto en el Muro de los Lamentos pasará a la historia.

Trump, en el que quizá fue su único gesto hacia los palestinos, dijo que el presidente Abás estaba preparado para conseguir la paz, y no se refirió a la explosiva propuesta de trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

Pero en Europa rechinaron los dientes. No abundaron las sonrisas del papa Francisco cuando lo recibió en el Vaticano, y las tensiones afloraron en la Otán cuando regañó a 23 de 28 países porque su gasto militar no supera el 2 por ciento del PIB, los acusó de no pagar las deudas a la Alianza (las contribuciones son voluntarias) y no dijo la frase mágica: expresar su compromiso con el artículo 5 del tratado, según el cual un ataque contra un miembro es considerado un ataque contra todos. Pese al mal ambiente, sumó otro logro: conseguir un mayor involucramiento de la Otán en la lucha contra el terrorismo del Estado Islámico.

La dicha le duró muy poco. El jueves le estalló una bomba mediática más del escándalo que ya es su ‘bestia negra’. Medios revelaron que su yerno, Jared Kushner, habría intentado abrir un canal de comunicación secreto con Rusia en plena etapa de transición, lo cual terminó desviando la atención de lo que Trump hubiera querido vender ante su público como una gira con un éxito sin precedentes.

Dos caras mostró Trump: dulce con Oriente Próximo, rudo con Europa. Pero en el fondo la inquietud que dejó entre los analistas es la duda de si EE. UU. tiene política exterior o si depende de los golpes de vísceras de su mediático e impredecible líder.

Al final, las palabras de desazón de la canciller alemana, Angela Merkel, de que Europa ya no puede apoyarse ni en Londres ni en Washington, parecieron expresar el incierto sabor de boca que dejó el periplo de Trump: “Los tiempos en que podíamos depender completamente de otros están terminando. Lo he experimentado en los últimos días (...). Tenemos que luchar por nuestro propio destino”.

editorial@eltiempo.com.co

MÁS EDITORIALES

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA