Editorial

¿Trump cambia de piel?

A juicio de muchos, el mandatario finalmente dio un discurso como presidente y no como tuitero.

02 de marzo 2017 , 11:37 a.m.

En lo que parece ser un cambio de estilo, no de fondo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio su primer gran discurso ante el Congreso, en el que reafirmó las líneas generales de lo que han sido sus primeros y tormentosos 40 días en la Casa Blanca.

Estas son: visión de que el inmigrante sin papeles es un enemigo y un criminal, el anuncio de nuevas órdenes ejecutivas y de una reforma migratoria para atacar el asunto, más la reiteración de la construcción del ignominioso muro en la frontera sur; ‘patriotismo’ económico, que no es más que un proteccionismo disfrazado para rescatar empleos e industrias locales; y sobredimensionamiento de la sensación de inseguridad, para justificar la propuesta del alza histórica del 9 por ciento de la inversión en defensa, a costa de presupuestos en programas nacionales y en cooperación internacional.

Y decimos cambios de estilo porque, no obstante sus golpes efectistas, como el de llevar a la viuda de un soldado caído en Yemen, habló en un relativo tono conciliador, llamando a la unidad. También, porque propuso una agenda menos confrontacional en la que invitó a los demócratas a luchar hombro a hombro. No insultó a nadie, ni dijo nada que faltara claramente a la verdad. En suma, a juicio de muchos observadores, Trump finalmente dio un discurso como presidente y no como tuitero.

Tal cambio de estilo lo llevó, incluso, a reemplazar su tradicional corbata roja por una más discreta, azul de rayas, en una alocución que, según las reacciones, lo acercó a los que en su propio partido, el Republicano, dudan de que transitara por el camino correcto. Y alivió algunas reservas de los demócratas, que al final del discurso estaban un poco perplejos, pues iban más preparados para oír al Trump de los exabruptos y las salidas de tono que al de la noche del martes, que no atacó a los países amigos ni denigró de la prensa y se atrevió a hablar de sus “aliados musulmanes”. Pero, cosa curiosa, no mencionó a Rusia.

Fueron 61 minutos de inusual sobriedad en los que planteó, sin dar detalles, un ambicioso plan para mejorar la infraestructura, la idea de bajarle los impuestos a la clase media y remplazar el ‘Obamacare’, sistema de salud de Obama, uno de sus grandes legados.

El cambio, por aparente o fatuo que sea, se notó: según una encuesta de CNN, un 78 por ciento de los estadounidenses consideraron positivo el mensaje presidencial, y otra de CBS mostró un dato más revelador: el 82 por ciento de ellos calificaron el discurso de “presidencial”. Lo cual, sin duda, es un bálsamo para alguien que no logra superar el 44 por ciento de aprobación, cifra excepcionalmente baja para un mandatario de ese país al inicio de su gestión.

Las buenas noticias no pararon allí para la Administración. Este discurso, que muchos consideran de relanzamiento del mandato, terminó avalado eufóricamente por los mercados: el Dow Jones alcanzó el récord de 21.000 puntos por primera vez en su historia.

Pero los que piensan que el Presidente es ahora un lobo disfrazado de cordero esperan lo peor de él en los próximos días, en particular en materia migratoria. Para ellos y para muchos otros, aunque lo vistan de seda y cambie de corbata, Trump seguirá siendo Trump.

editorial@eltiempo.com

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