Editorial

Figueroa es de oro

El campeón olímpico nos dejó en claro que el talento sin esfuerzo es lo mismo que nada.

09 de agosto 2016 , 08:59 p.m.

Es en casos como el de Óscar Figueroa, el pesista colombiano ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río, en los que se les da toda la razón a quienes aconsejan la persistencia como solución a los embates de la vida. Él ha conseguido, a los 33 años, superar a todos sus contendores de los países participantes en una presentación francamente memorable, pero su triunfo ha sido sobre todo el resultado de años y años de preparación, de sacrificio y de experiencia: el ejemplar Figueroa, que en la victoria ha sido tan digno como en la derrota, está cumpliendo cuatro olimpiadas –Atenas, Pekín, Londres y Río–, luchando por la medalla de oro, y, luego de obtener la de plata en el 2012, ha logrado ahora la proeza de ocupar el escalón más alto del podio olímpico en su categoría.

El lunes, en un emotivo texto escrito para las páginas de este diario, el propio Figueroa hizo especial énfasis en la idea de que su principal herramienta para levantar esos 318 kilos que fue capaz de alzar en total –y para ganar la primera medalla de oro que obtiene Colombia en estos Juegos Olímpicos– fue la experiencia. Y el coraje, y el esfuerzo por superarse, agregamos. De niño sufrió en carne propia el desplazamiento, que ha sido la gran marca que ha dejado la guerra colombiana. Se sobrepuso a los rigores y a las trampas de la juventud refugiándose en el deporte. Descubrió a tiempo su talento y de olimpiada en olimpiada fue afinando su trabajo.

Superó una operación dolorosa hace apenas 8 meses. Y es ahora cuando deja por siempre la imagen icónica de un luchador incansable que llora de alegría mientras escucha el himno nacional de su país, porque la vida está siendo justa con su persistencia, con su valor.

Pero al conmovedor Óscar Figueroa le parece lo más importante, en su texto de este lunes para EL TIEMPO, dejar en claro que el talento sin esfuerzo es lo mismo que nada, que el camino para lograr lo que se quiere tiene que ser largo y duro, para ser así de cierto y emotivo. Y su mensaje es relevante, más que nunca, en una sociedad que ha estado tratando de librarse de los atajos y las salidas fáciles.editorial@eltiempo.com

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