Editorial

Se fue un hijo ilustre

La muerte, en Bogotá, a los 85 años, del maestro Jaime Llano González, sin duda causó hondo pensar.

07 de noviembre 2017 , 12:46 a.m.

La triste noticia con la que amaneció el país este lunes por la muerte, en Bogotá, a los 85 años, del maestro Jaime Llano González, sin duda causó hondo pensar, en especial entre las generaciones que vienen de mediados del siglo pasado. No solo de Colombia, sino de muchos países.

Llegan a la mente y al oído pasillos, bambucos, cumbias o hasta vallenatos magistralmente interpretados en el órgano eléctrico, que, con él mismo, tuvieran tanta fama en Colombia, especialmente en la Bogotá romántica, un poco más apegada a los aires autóctonos. En ese piano, tocado mágicamente, sonaban a orgullo y amor patrio aires como ‘La gata golosa’, ‘Antioqueñita’, ‘Colombia, tierra querida’, ‘La piragua’, ‘Las brisas de Pamplonita’, ‘El sanjuanero’, ‘Carmen de Bolívar’, ‘Cumbia sampuesana’ y decenas más.

La historia lo recordará como uno de los grandes compositores y difusores de la música de nuestro país. Y como un apasionado que fue capaz de dejar sus estudios de medicina, porque el pulso, más que para el bisturí, estaba predestinado para el teclado.

Se fue un grande que nos obliga a pensar en esos otros, de una camada virtuosa de aquellos años maravillosos, como Lucho Bermúdez, José Barros, José A. Morales, Garzón y Collazos, Silva y Villalba, el Dueto de Antaño, o el maestro Oriol Rangel, el gran amigo y compañero de Jaime Llano, con quien marcaron una época no solo en famosos escenarios sino en radio y televisión, en programas como ‘Así es Colombia’ o ‘Tierra colombiana’.

Decir que tocó al lado del venezolano Alfredo Sadel, o de Pedro Vargas, son palabras mayores. Pero hay que destacar que Llano González hizo patria, y con un orgullo colombiano como nadie. Con su piano, llevó por varios países esos aires que hablan de nuestra tierra, de nuestra cultura… Siempre con altura, con señorío, porque fue un hombre decente y discreto. Él fue exaltado con la Cruz de Boyacá, merecidamente; con el Hacha de Antioquia, su tierra querida. Y fue Premio Aplauso, entre otros… Pero estos personajes que le hacen bien a la sociedad, que son ejemplo para seguir, deben pasar a la historia como hijos ilustres de Colombia.

editorial@eltiempo.com

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