Editorial

Proteger a los periodistas mexicanos

El mundo entero debe tomar nota y rechazar lo que está ocurriendo con el periodismo en México.

18 de mayo 2017 , 12:42 a.m.

“Donde yo trabajo, Culiacán, en el estado de Sinaloa (México), es peligroso estar vivo, y hacer periodismo es caminar sobre una línea invisible trazada por los malos –que están en el narcotráfico y en el Gobierno– en un campo sembrado de explosivos”, en estos impresionantes términos había narrado su angustiosa cotidianidad Javier Valdez, corajudo comunicador de Sinaloa asesinado el pasado lunes.

Él era fundador del semanario RíoDoce, fue ganador en el 2011 del prestigioso premio María Moors Cabot y autor de seis libros e innumerables artículos que denunciaban el macabro alcance de las raíces que ha echado el narcotráfico en la sociedad y en el Estado.

El mundo entero debe tomar nota y rechazar lo que está ocurriendo con el periodismo en México. Este crimen tiene que marcar un antes y un después en este tema. Debe generar una solidaridad reflejada en hechos para que la protección de los periodistas en ese país pase de palabras ambiguas a avances concretos. Para hacerse a una idea del drama, vale recordar que México es el tercer país donde más colegas son asesinados en el mundo, solo superado por Siria y Afganistán. Que desde el 2000 se cuentan más de 120 muertes y que este año ya son cinco. Y no hay justicia. En un lapso de siete años, de 798 investigaciones solo dos terminaron en sentencias condenatorias.

El gran problema es que todos aquellos en riesgo han llegado a esa situación por atreverse a desafiar desde su compromiso con la verdad, con la sociedad, a un monstruo de varias cabezas. Este no se limita solo al narcotráfico, como lo documentó Valdez; varios brazos de este se podían hallar en las propias instituciones, las llamadas a protegerlo. Y es que la impunidad aquí ronda el 100 por ciento.

El Estado, la sociedad mexicana y el planeta deben saber que si los periodistas hoy viven un tenebroso asedio en este país y los agobia la sensación de que no hay quién los proteja es porque algo muy grave está ocurriendo. El crimen organizado tiene grandes ambiciones en este país. El periodismo debe denunciarlo, pero detenerlo les corresponde a unas instituciones que hoy generan más zozobra que confianza.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

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