Editorial

Editorial: Pretelt y la historia

Le corresponde a la Corte Suprema adelantar un proceso que no dé lugar a cuestionamiento alguno.

25 de agosto 2016 , 07:43 p.m.

Jorge Pretelt Chaljub, el mismo hombre que en el 2005 estuvo a un paso de ser fiscal general de la Nación (era el más opcionado de la terna enviada por el entonces presidente, Álvaro Uribe), se convierte once años después en el primer magistrado en la historia del país en ser juzgado por la Corte Suprema de Justicia.

Se trata de un suceso inédito. No solo por la magnitud del escándalo que el togado protagonizó, el mismo que puso como nunca antes a la Corte Constitucional en la picota pública, sino por la insólita efectividad de la Comisión de Acusación de la Cámara, que en este caso investigó y acusó por señalamientos de grave índole penal en menos de 18 meses.

Pretelt sostiene, con razón, que no ha sido condenado aún y que todavía no aparecen en su proceso pruebas de los 400 millones de pesos que supuestamente exigió por ayudar a mover una cuestionada tutela en el alto tribunal. Pero este hecho, que deberá ser evaluado ahora por la Corte Suprema, no equivale, como lo sostienen el magistrado y su defensa, a que el país haya asistido a un juicio basado en valoraciones políticas y no jurídicas.

En efecto, en este caso hay un testigo, el abogado Víctor Pacheco, que aceptó colaborar con la justicia y hoy paga dos años de detención por intentar manipular una alta decisión judicial.

Curiosa tesis la de la defensa en este y otros sonados casos en los que se sostiene la existencia de maquiavélicos complots que incluyen personas dispuestas a ir a prisión por delitos que supuestamente no existieron.

El Senado ha tomado una decisión, y se inicia ahora una etapa con pocos antecedentes. Por un lado, se adelantará un juicio por indignidad que se decidirá en el Congreso; y por el otro, los magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema deberán decidir si uno de sus pares de la Constitucional es culpable de haber pedido un soborno.

Aunque Pretelt ha acudido a todas las instancias, incluso internacionales, todo apunta a que se escribe así el epílogo de una magistratura con demasiadas sombras y a la que hay que reconocerle aciertos, como lo fue el fallo, tras ponencia de su autoría, que les puso techo a las megapensiones.

No solo por el caso de Fidupetrol, sino por otros como aquel por el que Santa Marta tuvo que pagar más de diez mil millones de pesos de más por un contrato leonino que la Corte en pleno anuló y en el que la demora de Pretelt en el cumplimiento de un trámite terminó beneficiando al cuestionado contratista. Ese caso también está en la Comisión de Acusación, y habrá que ver si avanza al ritmo que los colombianos exigen.

El magistrado, cuyo periodo se cumple en pocos meses, tomó la decisión de tratar de deslegitimar la acción de la justicia que él mismo representa. Lo que procede ahora es que la Corte Suprema adelante un proceso que no dé lugar a cuestionamientos y determine si Jorge Pretelt fue culpable de realizar prácticas venales en una de las más respetadas instancias de la justicia, o si hubo en su caso un error o una persecución, casos en los cuales lo único procedente sería la reivindicación histórica del hoy acusado y que los que ahora son su contraparte asuman las debidas consecuencias.editorial@eltiempo.com

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