Editorial

Polio en el vecindario

El caso de poliomielitis que apareció en Venezuela es una amenaza real para el país y el continente.

16 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Venezuela sigue dando muestras de la grave crisis que allí se vive. Que la poliomielitis regrese a ese país 29 años después de haberse declarado erradicada es una verdadera alarma para la salud pública local y continental.

Esta enfermedad viral, que en el mejor de los casos paraliza de manera irreversible y en el peor lleva a la muerte, acaba de aparecer en el estado Delta Amacuro en un niño indígena de 2 años que, al parecer, pertenece a una comunidad que no ha recibido la vacuna, la cual lo habría protegido de manera absoluta y económica.

Este caso pone de manifiesto la realidad de un sistema sanitario venezolano signado por la precariedad y la exposición de la población a riesgos inexistentes en el mundo de hoy, con el agravante de que dichas condiciones, como ocurre con la poliomielitis, pueden salirse de madre y transformarse en reales tragedias.

Por eso hay que llamar la atención sobre la amenaza de la proliferación de esta enfermedad, que, gracias al saneamiento básico y la vacunación, logró reducirse en la década de los 60 hasta su desaparición de la cotidianidad y de la mente de la gente, a tal punto que ya nadie le teme. Y esta confianza es el factor menos amigable a la hora de poner sobre la mesa el caso del niño indígena afectado.

A muchos les parecerá exagerado hablar de un tipo vacunal del virus. Sin embargo, el asunto es de tal seriedad que la misma Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha tenido que intervenir para hacer los cercos epidemiológicos y confirmar que en la misma región existen otros tres casos sospechosos.

Este episodio demuestra la precariedad del sistema sanitario del país vecino y, a la vez, la necesidad de apoyo que tiene esa sociedad.

A ello hay que agregar que las autoridades venezolanas de salud tardaron más de un mes en notificar a la OPS la reaparición del virus, cuando el reglamento sanitario internacional ordena hacerlo en 24 horas, lo que, de paso, revela la incapacidad de dicho país para enfrentar una emergencia de tal calado.

De ahí que hay que asumir con rigor las recomendaciones que promueven la toma de medidas extremas, especialmente en las zonas de frontera, para frenar la potencial diseminación del virus, dadas la elevada cifra de migrantes venezolanos, la rapidez con que se transmite y porque por cada caso con compromiso neurológico hay 90 sin esos síntomas, que pueden dejarse pasar.

Aunque debe reconocerse que Colombia tiene un blindaje, gracias a las coberturas eficientes de inmunizaciones enmarcadas en uno de los esquemas de vacunación más completos del mundo, no hay que bajar la guardia, y menos ahora, cuando los desadaptados movimientos antivacunas hacen de las suyas en todo el mundo.

Y, como buen vecino, continuar con el apoyo en salud a los venezolanos se convierte en un deber, mientras la comunidad internacional, las ONG y las agencias regionales y mundiales relacionadas con la salud se deciden a volcarse neutral y solidariamente a Venezuela para atenuar lo que ya es un polvorín sanitario que, de estallar, arrasaría con las fronteras, el bienestar y las vidas de personas vulnerables en las que no solo el virus de la poliomielitis puede estar a sus anchas para reaparecer en cualquier momento.

editorial@eltiempo.com

MÁS EDITORIALES

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA