Editorial

Planear, no hay otro camino

Las ciudades necesitan una nueva mirada sobre cómo se construyen para las generaciones venideras.

11 de marzo 2017 , 12:00 a.m.

Un interesante estudio que acaban de concluir entidades comprometidas con el tema urbano determinó cuáles son los ejes de desarrollo sobre los cuales tendrán que gravitar un puñado de ciudades colombianas si quieren sobrevivir a un mundo que se yergue sobre el caos de la movilidad, el crecimiento desaforado y el impacto ambiental.

Con base en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), diseñados para que los cumplan 169 naciones de aquí al 2030, la Fundación Corona y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), con el acompañamiento de Planeación Nacional y el Dane, se dieron a la tarea de establecer, a escala urbana, cuáles son esos ítems que en mayor medida contribuirán al cumplimiento de tales metas.

Al cabo de varios meses de trabajo, el estudio concluyó que son cinco: superar la desigualdad, la informalidad y la pobreza, que debe ser medida desde un punto de vista multidimensional; una educación de calidad que garantice la inserción de los jóvenes en un entorno cada vez más competitivo; crear indicadores más precisos para medir la calidad del aire, uso de energías e impacto en el cambio climático –que hoy no existen, no obstante lo mucho que se ha cacareado el asunto–; la protección ambiental y generación de espacio público, y planes de seguridad que ayuden a generar espacios de convivencia.

Todos son temas conocidos de tiempo atrás por las autoridades locales y nacionales, que, pese al dolor de cabeza que representan, no consiguen incidir positivamente en el ámbito local y territorial, aunque los recursos que se derivan desde el Gobierno central han venido aumentando en los últimos 12 años.

El llamado de atención es, en consecuencia, a trabajar con denuedo en estos objetivos. Y el único camino para hacerlo es por medio de una buena planeación de la ciudad del mañana en la que se planteen con sensatez estos propósitos, los mismos que hoy asume el resto de la humanidad. Nadie dice que será fácil, pero es absolutamente necesario. Las ciudades, las grandes y las intermedias, no resisten más miradas solo desde lo económico o su crecimiento poblacional, sino sobre cómo se construyen para las generaciones venideras.

Y planear significa, ante todo, conocer la información del territorio, diseñar sus espacios, garantizar la inclusión de su gente, proteger su ecosistema, recuperar espacios. En últimas: generar convivencia entre la ciudad, el hombre y la naturaleza. Montería y Valledupar han hecho esfuerzos en ese sentido y Medellín muestra algunos otros, mientras que Bogotá ya proyecta iniciativas con estas características.

Pero son los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) los que constituyen una oportunidad de oro en la planeación de ciudades comprometidas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. No solo hay que blindarlos del acecho de los corruptos, sino que urge imprimirles una mirada más regional e integradora en la cual se eviten el crecimiento desordenado, la sobreexplotación de recursos y el encarecimiento del suelo. Con planes que prevengan la consolidación de áreas metropolitanas de hecho, será posible insertarnos en el sentido correcto en el que hoy avanza el mundo urbano.editorial@eltiempo.com

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