Editorial

Percepción o realidad

Bogotá registra mejoras en varios frentes, pero hay apatía y desconexión de la gente con el Alcalde.

17 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

¿Cómo se explica que en Bogotá la gente mejore su percepción frente a los servicios que recibe y sin embargo crea que las cosas van por mal camino? ¿Cómo se explica que más gente sienta que Bogotá es un gran lugar para vivir, que mejore su nivel de orgullo, mientras el pesimismo agobia por otro lado?

Estas son apenas un par de preguntas que surgen luego de conocerse los resultados de la encuesta que cada año elabora el programa Bogotá Cómo Vamos. El estudio, realizado entre 1.506 personas, refleja el sentimiento colectivo hacia las ejecutorias de la Administración y es una valiosa herramienta para detectar, además de los avances del gobierno, qué tan conectada está la ciudadanía con su gobernante y su equipo.

Un alto porcentaje de ciudadanos están satisfechos con lo realizado en educación, y sube la imagen con respecto a los servicios en salud, dos sectores que tuvieron hondas transformaciones, recibieron no poco palo de algunos concejales y, no obstante, hoy registran un ambiente más favorable. En espacio público, aunque solo el 37 por ciento siente una mejoría, el ascenso en 11 puntos en comparación con el registro del año pasado quiere decir que se va por buen camino. En cultura y recreación sucede lo mismo, y es de resaltar el auge de la bici sobre el carro particular.

Alientan las cifras que revelan mejoras en Bogotá, pero también alertan de lo que viene pasando con su institucionalidad.

No hay, en cambio, caras alegres en la Alcaldía ante los resultados en movilidad y seguridad. Y era previsible. Se trata de dos sectores donde se aplica a la perfección la máxima de que es la percepción la que moldea los hechos. Y aquí, si bien las cifras oficiales hablan de una disminución considerable en el delito en todas sus manifestaciones, especialmente en homicidios, la gente piensa lo contrario. Basta una sola noticia de trascendencia, como el asesinato de una joven después de un intento de atraco, para volver trizas cualquier estadística científica.

Igual sucede con la movilidad: los anuncios millonarios en nuevas vías, nuevas troncales o el metro son para la gente eso, anuncios, pero mientras persistan los trancones y la gente tome más tiempo en sus desplazamientos y el SITP siga siendo un servicio de baja calidad, la Administración pagará las consecuencias.

Ahora bien, ¿explica esto la mala imagen que mantiene el alcalde Peñalosa? ¿Qué tanto es atribuible a su estilo de gobernar y qué tanto a los resultados que ofrece? El mandatario ha conseguido la aprobación de proyectos de alto impacto, fundamentales para la capital, pero su particular modo de gobernar y no pocos ataques en redes generan rechazo a cuanto lleve su nombre. Es injusto, quizás, pero también una alerta para que revise su estrategia al explicar mejor cómo invierte los recursos e inmiscuirse en la narrativa de la ciudadanía, mas no en el discurso técnico-futurista. La encuesta muestra eso: la gente percibe progresos y desdichas en aquello que toca su día a día.

Hacer de Bogotá una mejor urbe no es fácil ni depende solo del gobierno. Los ciudadanos juegan un papel importante, siempre y cuando participen en las decisiones tomadas. Y para ello hay que reconstruir la confianza perdida. He ahí el principal desafío.

editorial@eltiempo.com

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