Editorial

Para tomarlo con pinzas

Con motivo de los olímpicos se abrió una especie de tregua y diálogo entre las dos Coreas.

15 de febrero 2018 , 08:25 p.m.

Kim Yo-jong, la hermana menor del líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, era prácticamente una desconocida fuera de su país, hasta el viernes pasado, cuando en medio del inédito deshielo de las relaciones diplomáticas, asistió como enviada especial de su gobierno a la inauguración de los Olímpicos de Invierno en Pieonchang (Corea del Sur).

Se trató de una visita histórica de la menor de los cinco hijos del fallecido Kim Jong-il, a su vez hijo de Kim Il-sung, fundador de Corea del Norte en 1948, causante de la ruptura del país y de la guerra que entre 1950 y 1953 enfrentó a las dos naciones y se selló con un armisticio, pero no un acuerdo de paz, por lo que técnicamente siguen en guerra.

Son muchos los que advierten que los norcoreanos están jugando a la política del encantamiento, queriendo ablandar las posiciones de Occidente.

En los últimos ocho años, con la llegada de Kim Jong-un al poder, el hermético país ha acelerado el desarrollo de la tecnología de misiles, lo que, sumado a las seis pruebas nucleares realizadas en los últimos 11 años, ha provocado el pavor de la comunidad internacional.

Con motivo de los olímpicos se abrió una especie de tregua y diálogo. Y en este sentido, todos los símbolos de ese deshielo –el desfile de las dos delegaciones bajo una misma bandera y uniforme, así como la presencia en el palco principal de Kim Yo-jong con los altos dignatarios surcoreanos, muy cerca del vicepresidente estadounidense, Mike Pence– hacen despertar una contenida y muy moderada ilusión de un principio de solución para desactivar un eventual conflicto que tendría de fondo una tragedia nuclear.

Sin embargo, son muchos los que advierten que los norcoreanos están jugando a la política del encantamiento, queriendo ablandar las posiciones de Occidente.

La discreta sonrisa que exhibió en Seúl y las atenciones de las que fue objeto, así como el gran recibimiento que le prodigó su hermano en Pionyang, podrían ser el anuncio de tiempos mejores. Pero, respecto a Corea del Norte y su inestable líder, todo debe ser tomado con pinzas.

- editorial@eltiempo.com

Deportistas de Corea del Norte y del Sur

Deportistas de Corea del Norte y del Sur desfilan conjuntamente durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno 2018 en el estadio de Pyeongchang, en Corea del Sur.

Foto:

EFE

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