Editorial

Ojos bien abiertos

La época del dinero barato y abundante, constante en el mundo capitalista, empieza a llegar a su fin

07 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Aquella conocida expresión de ‘no apto para cardíacos’, utilizada por los narradores deportivos, sirve para describir el comportamiento de los principales mercados de valores este martes. Tras una jornada de lunes en la cual los índices bursátiles en Nueva York experimentaron una caída descomunal, las demás plazas –desde el Pacífico hasta el otro lado del Atlántico– dieron marcha atrás. A su vez, Wall Street, que osciló entre el rojo y el negro, acabó cerrando con alzas notables.

Sin embargo, no vale la pena desgastarse en mirar el yoyo, sino entender que el viento sopla desde otra dirección para los inversionistas. El motivo es que la época del dinero barato y abundante, que ha sido la constante en el mundo capitalista desde hace años, empieza a llegar a su fin, y eso equivale a un movimiento de las placas tectónicas en materia financiera, con su correspondiente sismicidad.

Para entender lo sucedido es indispensable hacer un poco de historia. Cuando, en septiembre de 2008, estalló la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y comenzó una profunda crisis internacional que golpeó con dureza a numerosas entidades de crédito en las naciones más ricas, la respuesta del Banco de la Reserva Federal, en Washington, y del Banco Central Europeo, con sede en Fráncfort, fue inyectarle al sistema miles de millones de dólares y euros, mientras se bajaban los tipos de interés. El propósito era evitar quiebras y animar a los consumidores a gastar, para así dar lugar a un círculo virtuoso que llevara a la recuperación de las economías en problemas.

Los expertos creen que vienen alzas en las tasas de interés en el ámbito global, lo que hace más atractivos los bonos y menos las acciones.

Con el paso de los años, la estrategia empezó a rendir sus frutos. Con diferente velocidad, los países desarrollados lograron dejar atrás las vacas flacas, y ello llevó a cesar gradualmente la compra de papeles y otras medidas en favor de la liquidez.

No obstante, el peligro de la inflación desapareció casi por completo del radar de las autoridades. Como los aumentos de precios se mantuvieron en niveles muy bajos, se hizo innecesario apretar las clavijas de las tasas de interés para poner la carestía en cintura.

Las cosas cambiaron de súbito el viernes, cuando se conoció el reporte sobre el mercado laboral en el país del norte. Y es que, más allá de los miles de puestos de trabajo creados, lo que les importó a los analistas fue la información de que los salarios, en términos reales, habían crecido de manera considerable, lo cual tendría efectos inflacionarios.

A la luz de ese dato, es de esperar que el Banco de la Reserva Federal eleve sus intereses este año hasta en un punto porcentual y en forma gradual. Aunque el incremento puede parecer menor, este cambia el balance de rentabilidades de los diferentes activos, pues hace más atractivos los bonos que las acciones. Si a lo anterior se le agrega que los títulos de numerosas compañías se estaban transando muy por encima de los múltiplos usuales, una corrección era previsible.

Nadie sabe, claro está, qué pueda suceder de ahora en adelante. Si el ajuste se da de modo relativamente ordenado, los efectos sobre la economía global serán mínimos. En cambio, si la volatilidad sube, pueden aparecer nuevos dolores de cabeza. Por eso, Colombia, que no es indemne a tales altibajos, necesita mantener los ojos bien abiertos.

- editorial@eltiempo.com

Wall Street

Un peatón observa los indicadores del mercado de valores en Tokio (Japón).

Foto:

EFE

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