Editorial

No más dopaje

La pasada Vuelta a Colombia dejó evidencia contundente de que la trampa campea en el ciclismo local.

30 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

La noticia de los ocho casos de dopaje en la pasada Vuelta a Colombia, revelada el miércoles por la Unión Ciclística Internacional, confirma lo que era un secreto a voces: la tolerancia que existe en el ciclismo colombiano frente al uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento. En su momento, la Unidad Investigativa de este diario denunció la grave situación y la complicidad de dirigentes, médicos y preparadores físicos.

Fue necesario que dichos controles estuvieran por primera vez a cargo de un ente como la Fundación Antidopaje en el Ciclismo, ajena completamente al ámbito local, para poder tener un diagnóstico crudo y certero de lo que está sucediendo. De 38 muestras de sangre que recolectaron, 7 fueron positivas. Otro caso quedó en evidencia por muestra de orina.

Los ocho pedalistas que rompieron las normas deben ser sancionados, pero sería un error histórico que ahora, como en anteriores episodios, toda la responsabilidad recayera en ellos. Hay que ser muy claros: ocho positivos en una sola competencia no tienen precedente reciente en el deporte de las bielas y son prueba contundente de que estamos ante una conducta sistemática que amenaza con traer nubes negras sobre el prestigio que con tanto esfuerzo han construido los ‘escarabajos’ que triunfan en Europa.

Los ciclistas deben ser sancionados, pero sería un error histórico que, de nuevo, toda la responsabilidad recayera en ellos.

Hoy más que nunca es fundamental escarbar para conocer con certeza qué papel juegan en la promoción del dopaje técnicos, médicos y directivos, entre muchos otros protagonistas de esta actividad. Los mismos que deben explicar por qué han boicoteado en el pasado pactos comunes en aras de la transparencia. Testimonios como los publicados por este diario apuntan a la existencia de todo un emporio criminal en torno al uso y tráfico de dichas sustancias.

De la Federación y de Coldeportes –cuyo laboratorio fue sancionado este año con un cierre de seis meses por la Agencia Mundial Antidopaje– se espera algo más que evasivas o lugares comunes. Es hora de emprender una iniciativa conjunta para decirle no más al dopaje. Esta debe incluir al Congreso, de donde debería salir muy pronto una ley que eleve a delito penal la posesión y el tráfico de estas sustancias, como ya ocurre en varios países.

Urge que venga un mea culpa junto con una voluntad real de cambio. Para recuperar la credibilidad del ciclismo local, los aficionados esperan de sus cabezas una disposición sincera para contribuir a arrancar las manzanas podridas, acompañada de iniciativas concretas y verificables para erradicar la trampa de las competencias. Acciones para que los jóvenes que dan sus primeros pedalazos lo hagan en un entorno transparente y no en medio de brutales presiones y sombrías disyuntivas, favorecidas muchas veces por quienes deberían protegerlos y encaminarlos por la senda sana.

No se puede permitir que uno de los mayores motivos de orgullo del país, su cultura ciclística, la cual no solo es fuente de constantes alegrías para los colombianos, sino que hace posible que miles de jóvenes encuentren la posibilidad de trazar un proyecto de vida admirable, sea cooptada por mafiosos. De ese tamaño es el desafío.

editorial@eltiempo.com

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