Editorial

Moon, esperanza para Corea del Sur

El nuevo presidente trae renovados aires a ese país y un tono conciliador hacia el exterior.

10 de mayo 2017 , 11:06 p.m.

Nuevos aires se respiran en Corea del Sur por el triunfo del liberal Moon Jae-in, tras el convulso periodo que envolvió al país por el escándalo de corrupción de la ‘Rasputina’, que terminó llevando a la presidenta Park Geun-hye a su destitución.

Moon, que recogió las frustraciones de los miles de coreanos que salieron a las calles a pedir la dimisión de la mandataria por los líos desatados por la muy cercana amiga de la presidenta y su exigencia de pagos a los grandes conglomerados industriales del país, convirtió en esperanza esos sentimientos y logró llegar al poder hablando de hacer la paz con su vecina Corea del Norte y de conjurar las tensiones con China y con Estados Unidos, por la instalación de un sistema antimisiles (Thaad) que Pekín considera pone en riesgo su seguridad nacional.

Y por supuesto, también de tender lazos hacia Japón por las viejas divergencias que afloran, a menudo relacionadas con su pasado colonialista. De hecho, el premier japonés Shinzo Abe ofreció su cooperación para enfrentar los desafíos comunes, en clara alusión a la amenaza norcoreana.

“Asumo este cargo con las manos vacías y dejaré el cargo con las manos vacías”, dijo Moon al prometer incorruptibilidad, y también apuntó que está dispuesto a viajar a Pyonyang, la capital norcoreana, para buscar una salida pacífica al conflicto que los tiene oficialmente en guerra hace décadas y también por el peligro inminente que se percibe por el veloz programa nuclear del dictador Kim Jong-un.

En el plano interno, una de sus principales promesas tiene que ver con las reformas financieras para evitar la nociva cercanía del poder con los ‘chaebol’, aquellos conglomerados industriales controlados por clanes familiares causantes de que la corrupción salpicara a la Presidencia. Gobernará en el centro de Seúl y no en la Casa Azul, que se identifica con el autoritarismo de las juntas militares que gobernaron el país, y, por supuesto, de la destituida Park, hija del dictador Park Chung-hee.

La pregunta es hasta dónde irá el ánimo conciliador de Moon y si seguirá con él ante el próximo lanzamiento de misil del díscolo Kim. Pronto se sabrá.

editorial@eltiempo.com.co
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