Editorial

Más sobre el Catatumbo

En la manera como el Estado resuelva esta crisis está cifrada buena parte del éxito del posconflicto

26 de abril 2018 , 12:00 a.m.

De nuevo hay que referirse a la gravísima crisis que por estos días vive la región del Catatumbo. Otra vez hay que recordar las cifras que dan cuenta de la magnitud del drama que vive esta zona fronteriza. Desde el inicio de la guerra entre los ilegales, el pasado 14 de marzo, 90.000 personas no pueden movilizarse libremente ni acudir a servicios de salud, 44.829 niños, niñas y adolescentes no han podido ir al colegio; hay 22 refugios humanitarios establecidos, 1.500 toneladas de productos agrícolas represados, 80 instituciones educativas cerradas y 6.633 personas desplazadas.

En los últimos días, las novedades fueron el cese del fuego de ‘los Pelusos’, que ya terminó, y la revelación de un video, por esta misma banda, en el que exhiben a dos mujeres y cuatro hombres que serían integrantes del Eln. También visitó la zona una comisión de alto nivel enviada por el presidente Juan Manuel Santos, conformada, entre otros miembros, por el vicepresidente Óscar Naranjo y el ministro del Interior, Guillermo Rivera. Con ellos llegaron otros 2.000 soldados. El Ejército también transportó a la zona 4,5 toneladas de alimentos para impedir que la crisis humanitaria escale.

Este lapso ha sido de anuncios esperanzadores, de pasos en la dirección correcta. ¿Cuál es esta? La que combina firmeza con los delincuentes y real presencia estatal, aquella que no se limita al despliegue de pie de fuerza. Proyectos de infraestructura, acompañamiento a la formulación de planes de desarrollo con enfoque territorial y de ordenamiento territorial forman parte de la apuesta.

Como lo afirmó Naranjo tras la reunión en la que se concretaron las acciones por tomar, la fortaleza estatal, que también garantiza protección real e integral a los ciudadanos, debe incluir todos los elementos mencionados. Solo así cesará definitivamente la violencia.

Lo anunciado para esta región depende de que, una vez se alejen los reflectores, esta siga siendo, y por varias décadas, real prioridad.

Reconociendo la trascendencia de esas decisiones, hay que advertir que el éxito de lo planeado no está asegurado, a juzgar por la larga historia de olvido y desidia del Estado hacia esta región. Es de esperar que la historia no se repita, y hay que estar vigilantes para que, una vez amaine la intensidad de la confrontación, las cosas no regresen al malsano statu quo que allí reinó hasta marzo. Para ello es fundamental que el país –no solo Ejecutivo, sino toda la nación– entienda la importancia de lo que hoy se juega en esta zona de Norte de Santander. En pocas palabras: la viabilidad de todo lo bueno del posconflicto. Si se quiere tener éxito, lo primero es transformar la mirada sobre esta y otras áreas críticas –Tumaco, para ser concretos–. Que nunca más se las mire por encima del hombro, que sean verdadera prioridad por décadas.

Por último, es necesario un llamado al Eln: tiene aquí la oportunidad, seguramente irrepetible, de mostrarse como contraparte digna de una mesa de negociación. De lo contrario se confirmará que su presente está más cerca del narcotráfico que de los ideales de cambio social. Y hay que recordarle al Gobierno venezolano que una postura firme contra el crimen organizado en la frontera sería un aporte valiosísimo en el esfuerzo de encontrar luz al final de este túnel.

editorial@eltiempo.com

soldados al Catatumbo

Estas tropas provienen del centro del país y se encargarán de atender la crisis humanitaria que ha desatado la guerra entre guerrillas.

Foto:

Cortesía del Ejército Nacional

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