Editorial

Maduro, ¿hasta el 2025?

El triunfo, con irregularidades, no es color de rosa para el régimen, que pierde aún más respaldo.

22 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Sobre el papel, Nicolás Maduro se impuso holgadamente en las elecciones presidenciales del domingo en Venezuela, garantizó su reelección, estará en el poder al menos hasta el 2025 y pulverizó a la oposición, que, fragmentada, se dividió entre pedir la abstención o apoyar la débil aspiración de Henri Falcón, que siempre se percibió como una especie de infiltrado del chavismo. Podría sumar, además, el dato de haberle sacado, a su más inmediato seguidor, la mayor ventaja de la historia reciente.

Pero si se mira por debajo de la fría y desalentadora realidad, hay datos que parecen dejar en evidencia que no todo fue color de rosa para el líder chavista y que lo que viene no será fácil. Por ejemplo, que este domingo obtuvo 1,2 millones de votos menos que los conseguidos en el 2013, cuando derrotó por apenas un puñado de sufragios al candidato opositor Henrique Capriles. Y que esta vez, desde antes de finalizados los comicios, el grueso de la comunidad internacional ya había advertido que no reconocería los resultados por considerar este proceso electoral “ilegítimo”, o un “fraude”, como lo calificaron 23 expresidentes de España y América, el Grupo de Lima (que llamó a consultas a sus embajadores), Estados Unidos y demás países que ven en lo sucedido la profundización del modelo dictatorial de Maduro.

A esto habría que sumarle que resultó reelegido con la más baja participación ciudadana en las urnas de los últimos años, como lo atestiguó la escasísima afluencia de votantes que no se volcaron en masa como en anteriores elecciones. El Consejo Nacional Electoral, que no tiene ninguna credibilidad por haber siempre servido a los intereses del chavismo, anunció un 46 por ciento, que varias fuentes coincidentes aseguran que en realidad no pasó del 33, con lo que se disparó la abstención y se hundió la legitimidad real del mandatario.

Lo más triste es que el liderazgo de la oposición, que está fragmentada, pero que esperarían los venezolanos, aún no aparece.

Y más grave aún, que sin haberse divulgado los resultados, los dos principales candidatos rivales desconocieron la elección y pidieron repetir los comicios, dada la magnitud de las irregularidades y la poca transparencia y confiabilidad en el proceso.
Es claro que Maduro pierde capacidad de maniobra, y que las nuevas sanciones sobre la financiación de deuda pública que ayer le impuso Washington al régimen harán más difícil su vida. También es cierto que, de puertas para adentro, la reacción de la comunidad internacional le sirve para vender la epopeya de una revolución que se sobrepone a todos los obstáculos y que su bajo índice de popularidad terminará siendo un accesorio mientras tenga en el bolsillo las Fuerzas Armadas.

Lo más triste de todo es que ante estos comicios a la medida de Maduro y las evidencias de las fracturas del régimen, los venezolanos esperarían que volviera a surgir el liderazgo opositor para plantear caminos, buscar soluciones o al menos ser una fuente de inspiración popular. Pero, al cierre de esta edición, aún no lograban, cuando menos, concretar una cita para diseñar una estrategia común.

La historia enseña que ante las dictaduras, el peor remedio es la resignación. Confiemos en que no será el caso venezolano.

editorial@eltiempo.com

Nicolás Maduro

Nicolás Maduro recibió más de seis millones de votos, según el último boletín del CNE.

Foto:

AFP / Juan Barreto

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