Editorial

Editorial: Lupa al delito

El Censo Delictivo que ha puesto en marcha la Fiscalía General constituye una valiosa herramienta.

07 de septiembre 2016 , 08:08 p.m.

Uno de los desafíos que por centurias se le han planteado a la sociedad es cómo combatir eficazmente la criminalidad que acecha a los ciudadanos. Hablamos de esa violencia que se traduce en atraco, fleteo, extorsión, hurto y todo lo que atente contra la vida y honra de las personas.

Amén de la percepción de inseguridad –siempre relevante en los sondeos de opinión–, existe la creencia de que en el país hay ‘sobrepoblación’ de normas y poca efectividad a la hora de combatir el delito. Y ello obedece en buena medida a la maraña de estadísticas que manejan un sinnúmero de organismos que, si bien permiten hacerse una idea de lo que pasa, no consiguen mejorar la sensación de tranquilidad.

De ahí que vale la pena mirar con atención la estrategia que ha comenzado a implementar la Fiscalía General para hacerle un seguimiento riguroso a toda conducta criminal y dotar de herramientas a las autoridades para combatirla eficazmente: el Censo Delictivo Nacional.

Dicha estrategia, presentada en sociedad por el fiscal Néstor Humberto Martínez pocos días después de su posesión, hace parte de una alianza con alcaldes y Policía en procura de hacerles frente a los delitos de mayor impacto. Día a día, semana a semana, el ente judicial registra cada acción delincuencial con tal grado de detalle que es posible encontrar resultados tan inesperados como decisivos para emprender las acciones del caso.

La aplicación de este instrumento derivó recientemente en hallazgos tales como el día, la hora y el modus operandi de los ladrones de carros en Bogotá. En la capital son hurtados seis vehículos diarios, en promedio; la modalidad es el robo con llave maestra, en vía pública (por descuido), y sus principales víctimas pertenecen al estrato 3, es decir, la población que hace un mayor esfuerzo por tener carro propio.

Más elocuente aún es el caso de Medellín. Allí fue posible desarticular en pocos días una banda de extorsionistas que operaba hacía varios años en una de las comunas de la ciudad. El Censo Delictivo permitió, a través del número de denuncias hechas por la comunidad en un área específica, hallar los lugares donde actuaban los delincuentes y proceder a su captura.

La rigurosidad de las estadísticas devela que el número de querellas en una semana puede llegar a 20.000 en todo el país, la mayoría por hurto, lesiones personales y violencia intrafamiliar.

Como bien lo anotó el fiscal Martínez, este instrumento se convierte en una base de datos sin igual, comoquiera que se alimenta del reporte de los casos que registran la Fiscalía y demás entidades judiciales.

La prueba de fuego para el censo está en el manejo eficaz de la información que genera. Y esta es una labor que compete a la Policía y las autoridades locales. Del buen uso que se le dé dependerá no solo determinar, categorizar y perseguir eficazmente el crimen en sus múltiples manifestaciones, sino medir los resultados de las entidades llamadas a responder.

Es lo que anhelan los ciudadanos, para ver si de una vez por todas se perciben una verdadera aplicación de justicia y una reducción de la impunidad, los karmas que hoy por hoy acompañan a la gente.

editorial@eltiempo.com

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