Editorial

Los ‘vuelos de la muerte’

Cuarenta años después, en Argentina, las víctimas de la dictadura empiezan a ver justicia.

04 de diciembre 2017 , 12:10 a.m.

El juicio más grande la de la historia de Argentina acaba de terminar. Y si en estos casos no se puede hablar jamás de final feliz, al menos los familiares de las víctimas de una de las más siniestras prácticas de la dictadura en ese país (1976-1983) podrán tener un bálsamo, porque se está haciendo justicia.

El que concluyó el pasado miércoles 29 de noviembre fue el primer megaproceso que incluyó condenas a los involucrados en los denominados ‘vuelos de la muerte’, una demencial práctica en la que los detenidos por la dictadura eran sacados de sus celdas en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) con la esperanza de que los iban a liberar o llevar a un centro de recuperación. Luego los inyectaban con una sustancia sedante llamada pentotal, los desnudaban y los subían a aviones militares. Desde allí, a miles de metros de altura, eran lanzados vivos a las aguas del Río de la Plata, que va a desembocar al Atlántico sur. El horror.

Hablamos de 54 imputados por delitos cometidos contra 789 víctimas, 29 condenas a cadena perpetua (incluidos algunos de los más conocidos exrepresores), otras penas de entre 8 y 25 años y 6 absoluciones.

Más de 800 personas declararon en este, el tercer juicio que se ha realizado por delitos cometidos en la Esma, pero ha sido el más prolongado de ellos, no solo porque a lo largo de los años sucedieron varias dilaciones, sino también porque hallar las pruebas fue una tarea titánica en la que tuvieron que intervenir investigadores, abogados y también periodistas que lograron hallar la punta de un hilo que los terminó llevando a la madeja. Y es que, como eran lanzados a las aguas, obviamente no hubo sobrevivientes ni registros.

Falta mucho para que este país pueda sanar las heridas. Pero este megaproceso ha traído alivio a miles de personas

Pero los represores no contaban con las sudestadas, unos vientos fuertes que soplan desde el sudeste y que hacen crecer las mareas. Pues bien, la sudestada trajo a las playas los cuerpos de 4 mujeres, que fueron enterradas entonces como NN. En el 2005 fueron exhumados los restos y se supo que eran los cuerpos de la monja francesa Leonie Duquet y de tres fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo, que habían sido secuestradas por los militares en 1977. Luego se encontraron las planillas de uno de los aviones usados en los asesinatos, suficiente para vencer el pacto de silencio con el que se han cubierto los asesinos y demostrar que sí hubo tales vuelos.

Pero este megaproceso no se encargó solo de los ‘vuelos de la muerte’. También castigó otros de apropiación de menores, homicidios, torturas y más secuestros, e incluso el de una joven sueca que fue confundida con una dirigente del grupo guerrillero Montoneros.

Cuarenta años después, falta mucho para que Argentina pueda sanar esas heridas. A pesar de que la justicia ha obrado a veces más lento de lo que se espera, las decisiones políticas y los cambios de gobierno han seguido la línea de esta especie de justicia reparadora e implacable para responder con altura a una de las etapas más oscuras de la historia de Latinoamérica. Que la justicia no tuerza su camino. Son muchos los muertos que aún no descansan en paz. Y sus familias, menos.

editorial@eltiempo.com

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