Editorial

La protección de Tochecito

Por fin, nuestras palmas de cera, que han crecido durante siglos, recibirán salvaguarda.

28 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

Hace unos días se produjo una buena noticia ambiental que, si bien es lógica y necesaria, estaba en mora. El ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, le contó a este diario que en el primer semestre del 2018, el bosque Tochecito será un área protegida. No es cualquier bosque, sino el que conserva el mayor número de palmas de cera del planeta, ubicado entre Cajamarca, en Tolima, y Salento, en Quindío.

Son 4.500 hectáreas en donde, aunque la ganadería pasta a sus pies y hay explotación agrícola sin consideración especial hacia ellas, unas 600.000 palmas de cera se yerguen y se resisten a la mano del hombre. No se entiende cómo ese tesoro nativo de nuestro suelo –en especial del Quindío–, nada menos que declarado árbol nacional de Colombia mediante la Ley 61 de septiembre de 1986, y que debe ser orgullo de todos, aún está ahí, expuesto a la depredación, a morir por esa enfermedad tropical llamada incuria.

Bosque Tochecito de palmas de cera

Entre Tolima y Quindío está Tochecito, un bosque de cerca de 4.500 hectáreas que concentra la mayoría de palmas de cera del país.

Foto:

Tatiana Pardo Ibarra / EL TIEMPO

Ahora, por fin, aquellas palmas que han crecido durante siglos y llegan a tener 60 o más metros de altura recibirán salvaguarda. Justo, urgente, pues, además de ser un patrimonio invaluable, estos únicos y majestuosos árboles son el hogar de fauna regional en proceso de extinción, como el famoso loro orejiamarillo. Se da por sentado, entonces, que el 2018 será el año de la palma de cera. Con ello se está protegiendo una joya, vista como vulnerable en el mundo y en peligro de desaparición en el ámbito regional.

Que no teman los lugareños. Se trata de un cambio de línea productiva, a lo mejor menos ganadera pero más ganadora. Se busca, dentro de una labor colectiva, que debe ser generosa y equitativa, aprovechar el turismo, regulado por el ministerio del ramo, y hacer una transición gradual hacia cultivos sostenibles. En todo caso, se trata de la conservación del medioambiente, que es la de la misma vida de estas y las futuras generaciones.

editorial@eltiempo.com

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