Editorial

La película de Kim Jong-nam

Corea del Norte siguen en esa oscura época de juegos de agentes secretos y asesinatos rituales.

21 de febrero 2017 , 09:45 p.m.

El asesinato de Kim Jong-nam, hermanastro del líder norcoreano Kim Jong-un, parece sacado de una novela de espías de John Le Carré o de una película del agente 007, más cercana al estilo de los ajustes de cuentas de la Guerra Fría que a los tiempos virtuales que corren.

Sin embargo, parece que hay países que siguen en esa oscura época de juegos de agentes secretos y asesinatos rituales. Y Corea del Norte, el estalinista régimen considerado el más cerrado del mundo, es uno de ellos. Kim Jong-nam fue asesinado el lunes en el aeropuerto de Kuala Lumpur por dos mujeres, una vietnamita y otra indonesia, que le rociaron en la cara una sustancia que, a la postre, le causó la muerte. Según la policía, al parecer, fueron engañadas, pues pensaron que estaban participando en un programa de TV. Y si a esto se le suma que el servicio secreto de Corea del Sur admitió que hacía años seguía a Kim Jong-nam, y que habría logrado recoger su huella digital y muestras de su ADN, pues se completa el argumento del filme de espías en que se ha convertido este episodio.

Pero más allá de eso, el hijo mayor del ‘querido líder’ estaba llamado a ser su sucesor en la conducción del régimen comunista, pero algunos rasgos de su comportamiento lo hicieron caer en desgracia, como el hecho de haber falsificado su pasaporte para visitar Disneylandia Tokio, todo un homenaje al capitalismo. Terminó viviendo en el exilio, protegido por el servicio secreto de otros países, pero unas declaraciones que hizo sobre la naturaleza del régimen liderado por su hermanastro, y sobre el mecanismo de sucesión de la dictadura, podrían haber firmado su sentencia. No es raro: Seúl ha denunciado las purgas que ha ordenado el Presidente norcoreano, incluso con miembros de su propia familia, temeroso de alguna rebeldía.

El asunto ya va en una creciente tensión entre Malasia y Corea del Norte, con protestas diplomáticas y llamadas de consultas a embajadores. Pero Corea del Norte no es el único. Basta con recordar el asesinato del exespía ruso Alexander Litvinenko, opositor al régimen de Putin, que murió en Londres por una intoxicación con polonio. La Guerra Fría está lejos de acabarse.

editorial@eltiempo.com

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