Editorial

Editorial: La mafia de los tierreros

Bandas bien estructuradas se han venido apoderando ilegalmente de barrios enteros en la capital.

26 de septiembre 2016 , 09:22 p.m.

Hubo un tiempo en el que en Bogotá tomó fuerza una expresión aterradora: más que a los paramilitares, había que tenerles miedo a los tierreros. Y a juzgar por recientes informes que hablan sobre la forma en que bandas bien estructuradas se han venido apoderando de barrios enteros en la capital –incluso a sangre y fuego–, pues el tema preocupa.

Y, sobre todo, porque no es de ahora. Durante décadas, a la ciudad le han venido apareciendo dueños, gracias a triquiñuelas legales y a la complicidad de funcionarios que han entregado terrenos que le pertenecen al Distrito a oscuros personajes que luego los lotean y terminan engañando a incautos ciudadanos.

El caso de la mujer que se hizo escriturar irregularmente 1,2 millones de metros cuadrados cuando eran en realidad 1.200 o el sujeto que obtuvo más de 7 millones de metros cuadrados en vez de los 2.874 que había adquirido dan cuenta no solo de la capacidad corruptora de estas organizaciones, sino de la debilidad institucional para frenar tamaño abuso.

La estrategia no solo consiste en ubicar los terrenos, sino que una vez legalizados por el Distrito lo que viene luego es la venta estosde los mismos, a través de una escrituración dudosa. Son estas prácticas las que han traído como consecuencia la creación de barrios enteros de manera informal, en zonas de alto riesgo y con la posibilidad real de que los propietarios terminen estafados, amenazados y violentados.

Se calcula que en la capital existen más de 50.000 predios sin ninguna acreditación de propiedad y alrededor de 31.000 que se levantaron en terrenos ajenos a lo largo de 13 de las 21 localidades que tiene Bogotá. Las más afectadas: Kennedy, Ciudad Bolívar, Bosa, Rafael Uribe y Suba. De ese tamaño es el problema, que se agrava aún más como quiera que en tales territorios habitan ya alrededor de 100.000 personas.

Más doloroso aún es que las víctimas terminan siendo, en muchos casos, personas que con esfuerzo han ahorrado para hacerse con un pedazo de tierra, o víctimas de la violencia que esperaban rehacer sus vidas en un predio que luego descubren no les pertenece.

Titánica labor les espera a las autoridades para recuperar propiedades de la ciudad que han sido usurpadas por los avivatos. La caja de vivienda popular, la Secretaría de Planeación, la Fiscalía, la Superintendencia de Notariado y Registro tienen la compleja tarea de auscultar la maraña sobre la que se han tejido decisiones que han dejado a la ciudad sin predios para construir viviendas de calidad, en lugares seguros, parques o bienes dotacionales para el bienestar de la comunidad.

De acuerdo con el informe revelado por este diario, ya hay 14 investigaciones en curso. Pocas, se diría, para el tamaño del daño que a diario se le hace a la ciudad por culpa de la corrupción, que además sigue galopando.

Para no ir muy lejos, está el caso de los terrenos que fueron adquiridos por la Alcaldía hace más de 15 años para la construcción de la Avenida Longitudinal (ALO). Varios de sus tramos han sido invadidos y hasta se han construido viviendas que tarde o temprano tendrán que ser demolidas. ¿Y dónde estaban los alcaldes locales, los curadores, los urbanizadores y demás entidades?

editorial@eltiempo.com

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