Editorial

La incertidumbre española

La interinidad sumerge al país en un mar de dudas dañino para su integridad como Estado.

02 de agosto 2016 , 07:47 p.m.

Han pasado más de siete meses y los partidos políticos de España no han podido ponerse de acuerdo para garantizar la formación de un gobierno estable, en un hecho sin precedentes en la historia moderna de esta monarquía parlamentaria.

En las dos elecciones llevadas a cabo, la una el 20 de diciembre y la otra el 26 de junio, el ganador ha sido el conservador Partido Popular (PP), pero no ha obtenido la mayoría de votos necesaria de 176 escaños en el Congreso de los Diputados para gobernar por sí solo, lo que lo ha obligado a negociar con las otras fuerzas en contienda. Y es en este punto en el que comienza el dilema.

Ya el propio Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones y líder del PP (poseedor de 137 escaños), admitió que España puede verse abocada a una tercera jornada electoral para acabar con la inestabilidad política. Todo un sainete de consecuencias nefastas en épocas de alborotos nacionalistas y de temores por la seguridad en Europa.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tradicional rival del PP, tiene ganas de poder y no quiere ceder sus 85 escaños para que Rajoy esté cuatro años más en La Moncloa. Tampoco lo quiere hacer la coalición de izquierda Unidos Podemos, que con sus 45 curules le garantizaría el número mágico. El distanciamiento ideológico es enorme.

El único partido con el que Rajoy y el PP encuentran algunos puntos en común es con la formación centrista de origen catalán Ciudadanos (C’s), pero sus escaños (32) no le son suficientes, siempre y cuando se logre el apoyo de grupos minoritarios. Es ahí donde C’s comienza a distanciarse del PP, ya que los conservadores han negociado con formaciones autonomistas o independentistas, algo con lo que están totalmente en contra.

El otro asunto que se constituye en un gran obstáculo en todo este proceso es el intento catalán de secesión, que pasa por la realización de un referendo. Pero el Tribunal Supremo español acaba de frenar una iniciativa en ese sentido.
Ya va siendo hora de acabar con esta crisis, sellando compromisos sólidos que saquen a España de la incertidumbre. La interinidad solo provoca intranquilidad y sumerge al país en un mar de dudas dañino para su integridad como Estado nacional.


editorial@eltiempo.com

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