Editorial

La Comisión de la Verdad

Llegar a la verdad y llevársela a todos quienes la reclaman para sanar heridas es su misión.

11 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

El ambiente de polarización, que se ha acentuado en el país tras la firma del acuerdo del teatro Colón, hace inevitable la controversia en torno a cualquier paso que procure hacer realidad lo allí estipulado. Esta vez le correspondió a la Comisión de la Verdad, uno de los compromisos entre el Estado y la antigua agrupación subversiva, cuya lista de integrantes fue dada a conocer el jueves pasado.

La composición de este cuerpo colegiado ha generado, junto con las previsibles críticas y dardos de la oposición, cierta inquietud en orillas no tan cercanas a los extremos del espectro político. Le corresponde también, en esta misma línea, ayudar a sanar las heridas de las víctimas, y para ello deberá encontrar la verdad histórica, que no la judicial, sobre miles de hechos atroces ocurridos en estas cinco décadas.

La comisión tiene como objetivo principal elaborar, al cabo de tres años de trabajo, un relato que les explique a las futuras generaciones las razones por las cuales en este país tuvo lugar un conflicto armado que dejó alrededor de ocho millones de víctimas.

Hay que decirlo con claridad: les asiste la razón a quienes han planteado que para bien mismo de la comisión, del informe que produzca y, en últimas, de la construcción de paz, era deseable una mayor diversidad entre sus miembros en términos de las distintas maneras de concebir el orden social que estuvieron en juego en el conflicto. Sin desconocer los méritos de los escogidos, una revisión de sus trayectorias conduce a plantear que su primer desafío será el de despejar las dudas sobre un posible sesgo.

El primer desafío que tendrán sus integrantes será el de despejar con su trabajo cualquier duda sobre un posible sesgo.

Incertidumbre que se alimenta, además, del desconcierto que hoy genera entre no pocos colombianos ver que un conjunto de ambigüedades, vacíos y demoras ha permitido que miembros de las Farc que tendrán que responder en la justicia transicional por delitos atroces hoy aparezcan como posibles candidatos a cargos de elección popular. Esto a la espera de lo que al respecto decidan en primer lugar la Corte Constitucional y luego, el Congreso de la República.

Es necesario, entonces, referirse al contexto en el cual surge tal incertidumbre para entender mejor por qué la Comisión de la Verdad tiene ese deber inicial de dejar claro que su único compromiso es con la verdad y el dolor de todas las víctimas. Un norte que ha sido siempre el de su director, el sacerdote jesuita Francisco de Roux, designación que también es un mensaje tranquilizador ante los interrogantes abiertos. Como cabeza de este esfuerzo, su responsabilidad es atender la necesidad de verdad de cuantos claman por ella, sin importar desde dónde lo hagan.

Así las cosas, quienes en esta comisión tendrán la tarea de dejar escrita la respuesta a la pregunta de por qué el país tuvo que transitar por estos caminos de barbarie deben saber que en lo único en lo que están de acuerdo todos los colombianos es en que las escenas de horror vividas y el dolor padecido por quienes sintieron en carne propia la guerra no pueden, de ningún modo, repetirse. Y que un trabajo virtuoso y riguroso será un aporte enorme a este propósito. Tal vez, el definitivo.

- editorial@eltiempo.com

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