Editorial

La caída del fiscal Aldana

Este caso es una nueva prueba de que la lucha anticorrupción no puede darse con esfuerzos aislados.

25 de abril 2017 , 12:00 a.m.

La aceptación de cargos del fiscal anticorrupción Rodrigo Aldana, en hechos relacionados con la investigación que el ente acusador adelanta contra el excongresista Otto Bula, da una buena idea del tamaño del desafío que para el Estado representa cortar de raíz con el flagelo de la corrupción. Debe hacerse énfasis en que se trata de un funcionario que tuvo a su cargo investigaciones en el marco de importantes procesos de extinción de dominio, entre otros, y al que ahora se lo acusa de los delitos de peculado por omisión, cohecho propio y concierto para delinquir.

No sobra comentar la estupefacción que produce enterarse de que los tentáculos de los corruptos han llegado hasta muy altas esferas. Lo ocurrido recuerda otros capítulos de la historia del país en los que se libraron batallas frontales contra el crimen organizado, y en los que este demostró su predilección por corromper justamente aquellas instancias del Estado que estaban en la primera línea de la batalla.

El caso del fiscal Aldana es una nueva prueba de que la lucha contra la corrupción no puede librarse con esfuerzos aislados, pues el país hoy enfrenta a un enemigo tremendamente poderoso.

Y aunque deja un muy mal sabor tener ya la certeza de que los delincuentes de cuello blanco han logrado infiltrar tan altas esferas, al mismo tiempo produce alivio y reconforta saber que las entidades más expuestas a su poder corruptor, la Fiscalía en este caso, están en capacidad de ejercer control constante sobre sus miembros en busca de las manzanas podridas, que, por desgracia, nunca faltan. Para que la tarea sea completa, sería bueno que hubiese total claridad sobre las circunstancias que permitieron que Aldana permaneciera en la Fiscalía, no obstante las quejas que ya existían sobre su comportamiento, las mismas que en su momento condujeron a la salida de su cargo de la entonces directora de articulación de la entidad, Caterina Heyck.

Que este episodio sirva de aliciente a tantos funcionarios honestos y corajudos que están librando las batallas de una guerra cuya importancia para el país que les quedará a las próximas generaciones, la opinión poco a poco va dimensionando. A fuerza de sacar a flote verdades muy incómodas.

editorial@eltiempo.com

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