Editorial

Impopular pero coherente

El alcalde Peñalosa gobierna para construir un proyecto de ciudad, no un proyecto político.

26 de junio 2017 , 11:10 p.m.

No ha habido pausa en este año y medio de gobierno que completa el alcalde Enrique Peñalosa al frente de los destinos de Bogotá. La obsesión del mandatario, que se batió en las urnas contra destacados candidatos, sigue siendo una: hacer de la capital una ciudad que responda a las necesidades de sus habitantes y trascienda fronteras para ponerla al nivel de las grandes urbes del mundo.

En ese empeño ha tomado decisiones polémicas –como apostarle al metro elevado–, ha empleado frases infortunadas y hasta infantiles para defender posiciones que chocan con grupos que se sienten desoídos, como los ambientalistas; se ha desgastado poniendo espejo retrovisor a distintos temas y le ha costado acercarse a sectores con los que, curiosamente, comparte muchas de sus convicciones, como los jóvenes, por ejemplo, que, al igual que él, defienden la bicicleta, los animales y los sistemas ecoamigables. Extraña contradicción esta.

Pero, al margen de lo anterior, Peñalosa ha sido un alcalde coherente; por encima de todo, ha mantenido y defendido postulados sobre lo que debe ser la Bogotá no de las generaciones de hoy –escépticas por naturaleza, críticas y poco participativas–, sino de las que tendrán que lidiar con la ciudad de los próximos 20 o 30 años. Es lo que recomiendan los grandes pensadores urbanos del momento y lo que defienden organizaciones como ONU Hábitat, en cuya última cumbre, celebrada en Quito (Ecuador), hizo un llamado para pensar en esas ciudades que tendrán que albergar otros 2.000 millones de seres que sumará la humanidad en los próximos 50 años.

Esta ha sido la constante en los 18 meses de gobierno: un alcalde empeñado en hacer obras, en proyectarlas a corto y largo plazo, y una ciudadanía que reclama –a veces con razón y otras aupada por sectores recalcitrantes– soluciones inmediatas para una larga lista de necesidades que crecieron tras una década de gobiernos que cuando no se robaron la capital, la sumieron en un atraso vergonzoso.

El balance de la gestión de Peñalosa debe mirarse desde la óptica de lo que prometió a los ciudadanos y sus ejecutorias. Y en esta última no se pueden desconocer los adelantos en infraestructura, educación o salud, con todo y el aluvión de críticas que le han caído de organizaciones que antes pelecharon de la burocracia y los recursos de tales entidades. En eso no hay que llamarse a engaños.

No menor ha sido el empeño del mandatario por procurar soluciones al estado crítico de la movilidad y la seguridad. Todo lo que se haga en estos frentes será insuficiente dadas la complejidad de los desafíos que subyacen en ellos y la percepción de la gente, que castiga con severidad hechos que van más allá de la labor de un alcalde, como el ataque terrorista a un centro comercial o sacar del hueco profundo en que se dejó caer la operatividad del transporte público.

Pese a todo, sigue adelante una revocatoria contra Peñalosa claramente inspirada en intereses electoreros y en desmedro de la mayoría que lo eligió. La ciudadanía debe tener claro el riesgo que se corre al pretender remover a un alcalde que está proyectando una ciudad y no sentando las bases de un proyecto político personal, que es lo que muchos buscan cuando pasan por el mismo cargo.

editorial@eltiempo.com.co

MÁS EDITORIALES

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA