Editorial

Hora de votar a conciencia

La cita con las urnas de este domingo es una oportunidad para darle un empujón a la democracia.

27 de mayo 2018 , 02:05 a.m.

La larga espera ha terminado. Tras meses de intensa actividad política, este domingo más de 30 millones de colombianos tendrán la posibilidad de votar por el candidato de su escogencia, durante la jornada electoral que se celebra en campos y ciudades.

Tal como lo señalan los sondeos, existe una alta probabilidad de que ninguno de los aspirantes al primer cargo de la Nación logre superar el 50 por ciento de los tarjetones válidos, requisito indispensable para que sea declarado como el sucesor de Juan Manuel Santos. Por lo tanto, esta será una etapa intermedia, en la cual serán seleccionados los dos finalistas que se enfrentarán el 17 de junio.

Debido a esa circunstancia, esta Casa Editorial se abstendrá de expresar sus preferencias en favor de alguno de los que componen la baraja de opcionados. Tal como lo demostró el debate sucedido en nuestras instalaciones el pasado jueves en la noche, los ciudadanos tienen en general buenas opciones entre las que pueden escoger.

Los cinco postulantes que llegan a esta ronda han hecho la juiciosa tarea de recorrer el territorio nacional, plantear soluciones a los problemas que inquietan a la opinión y desarrollar plataformas temáticas. Cada uno expresa con claridad sus pensamientos, desde su ángulo ideológico, sin irrespetar al contrario. Desde ese punto de vista, la confrontación de ideas que ha tenido lugar no tiene antecedentes en la historia democrática colombiana, así el odio que destilan las redes sociales muestre otra cara de la moneda.

Dicho lo anterior, hay principios que cada sufragante debería tener en mente antes de depositar la papeleta marcada en la urna. Aquí lo que está en juego es la viabilidad de un sistema construido sobre el equilibrio de los poderes públicos, encargado de garantizar la libertad de empresa y de expresión, los derechos individuales y el manejo pulcro de los asuntos estatales.

Que el público muestra su insatisfacción con el estado de las cosas es algo que no se puede discutir. Tanto el prestigio del Legislativo como de la justicia y el Ejecutivo se encuentran en niveles muy bajos. Los escándalos de corrupción que tocaron hasta las altas cortes apuntalan la impresión de que incluso la sal se corrompió y que el ánimo de lucro se sobrepone a la búsqueda del bien común. En materia social queda mucho camino por recorrer, y la economía avanza a velocidad lenta.

Y, aunque indudablemente se requieren cirugías de fondo, son peligrosas las ideas que implican alterar el sistema de pesos y contrapesos establecido en la Carta Política. Proponer referendos o constituyentes puede ser un salto al vacío, una especie de respuesta emocional que se contrapone a la búsqueda de consensos y los análisis con cabeza fría. También hay que tener cuidado del facilismo que se ve a la hora de proponer nuevos gastos, olvidando los preceptos de la responsabilidad fiscal.

A pesar de que indudablemente se requieren cirugías de fondo, son peligrosas las ideas que implican alterar el sistema de pesos y contrapesos establecido en la Carta Política

En tal sentido, si hay algo criticable en el debate que este domingo concluye es la tentación del populismo que ha asomado sus orejas en más de una oportunidad. Retomar el rumbo no es algo que se logrará de la noche a la mañana, avasallando al contrario, ni mucho menos apelando a la polarización y la lucha de clases.

Por otra parte, es evidente que la campaña ha podido desarrollarse en mejores condiciones de seguridad que en otras épocas. Menospreciar lo conseguido o hablar de renegociar acuerdos ya suscritos abre espacios de incertidumbre que no son necesarios, algo que es muy diferente al compromiso de hacer cumplir la ley y castigar a quien haya vuelto a delinquir. En este como en otros asuntos claves, lo importante es mirar hacia adelante, edificar sobre lo construido y encaminar al país hacia un mejor futuro, ojalá más próspero, equitativo, sostenible e incluyente.

Saber quién representa mejor los conceptos aquí expresados es algo que cada persona que vaya a votar hoy necesita definir de acuerdo con su conciencia. Es obligatorio que ese ejercicio se haga de manera independiente, rechazando prácticas censurables como la compra de respaldos.

Aun así, no son aceptables los mantos de duda que se quieren tender sobre la calidad del proceso electoral. Cuando esta noche se conozcan los resultados, los perdedores necesitan hacer uso de su gallardía y aceptar el veredicto de las urnas, algo en lo cual el buen funcionamiento de la Registraduría desempeña un papel fundamental.

Pero, en medio de tantos desafíos, vale la pena mirar la cita de este domingo con optimismo. A pesar de todos sus defectos, la democracia en Colombia sigue viva. Los millones que cumplirán con su deber de ciudadanos demostrarán con su voto que aquí no hay espacio para las respuestas autoritarias, un punto que deberían resaltar aquellos que clasifiquen para la segunda vuelta.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

MÁS EDITORIALES

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA