Editorial

Historia de un deprimido

A Bogotá le ocurren fiascos. El paso de la 94 pasó de deprimido a ahogado en apenas 15 minutos.

16 de mayo 2017 , 12:38 a.m.

Este domingo, cuando los periodistas y los usuarios de las redes sociales ya les habían cobrado la inundación del deprimido de la 94 a esta alcaldía y a la anterior, y lanzaban piedras a diestra y siniestra desde sus cuentas de Twitter y de Facebook, resultó que el naufragio no era culpa de Gustavo Petro o de Enrique Peñalosa, sino del funcionario que tenía a su cargo la importante labor de operar las bombas en caso de diluvio.

Sin duda, era una vergüenza que se inundara el célebre deprimido a la primera oportunidad. Hacía ver a Bogotá, una vez más, como una ciudad a la que se le ha salido de las manos su infraestructura. Pero faltaba información para mentar tantas madres en su día, para reaccionar, en fin, con conocimiento de causa.

Pronto la actual administración, que hace poco inauguró la obra en su afán de dar resultados, señaló al contratista como el responsable, pues –hasta el día en el que el contrato sea liquidado– está en las manos de la empresa la solución de un desastre como el del domingo. Se explicó entonces que se habían hecho varias pruebas para manejar los aguaceros de estos días. Y que la estación de bombeo, que se encuentra cerca de la obra, tendría que haber sido operada manualmente por un hombre que desapareció porque acababan de decirle que su propia casa se había inundado. Se fue el operador bajo la tormenta. Y mientras los administradores encontraban a su remplazo, el paso de la 94 pasó de deprimido a ahogado en apenas 15 minutos.

Por lo menos tres conductores incautos se quedaron atrapados en sus carros, abandonados a su suerte en esta Bogotá a la que le pasan estos fiascos, y que reacciona en cámara lenta, durante la inundación. Su pesadilla es el ejemplo de lo lejos que estamos de comprender cómo los aguaceros de hoy no son los de antes, cómo las ciudades colombianas, empezando por la capital, tienen que prepararse para una época en la que la lluvia no va a dar tregua. Es el momento para que estos túneles que han dividido y exasperado a los bogotanos desde que comenzaron a ser construidos lleven por fin a alguna parte.

editorial@eltiempo.com.co
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