Editorial

'Hasta que te conocí'

Juan Gabriel articuló por millones de personas los giros del amor en los versos de sus composiciones

29 de agosto 2016 , 07:43 p.m.

Cuando el animador David Letterman invitó al cantante Juan Gabriel a su conocido programa de televisión de la noche, lo presentó ante los espectadores norteamericanos como “el Michael Jackson mexicano”. Quizás sea esa la mejor manera de describir al artista que acaba de morir a los 66 años, claro, pues no solo empezó desde la adolescencia a componer canciones memorables que se cantan y serán cantadas en rincones de todo el mundo ('Amor eterno', 'Hasta que te conocí', 'Querida', 'Pero qué necesidad' y 'Yo no nací para amar' son apenas las primeras que vienen a la mente), sino que se aferró a la música y se convirtió en un intérprete espectacular que jamás se dejó atrapar en una conversación sobre su vida privada, para sobrevivir a una infancia traumática llena de imágenes religiosas y de reveses de fortuna.

Si la reciente serie de televisión sobre su vida fue vista por tantos y tantas hace tan solo unas pocas semanas; si este lunes los quioscos del mundo amanecieron con tantos periódicos con su fotografía en primera plana; si las redes sociales se vieron inundadas por las despedidas genuinas y sentidas de quienes crecieron rodeados por su música profundamente personal; si el propio presidente Barack Obama se sintió en la obligación de hacer una declaración oficial sobre su muerte (“su espíritu vivirá en sus canciones perdurables y en el corazón de los fans que lo amaron”, escribió), es porque Juan Gabriel consiguió articular por millones de personas los giros y las trampas del amor en los versos de sus composiciones.

Fue bautizado Alberto Aguilera Valadez, pero él mismo se nombró Juan Gabriel, más o menos a los 20 años, para celebrar tanto a su padre como a uno de sus profesores más queridos. No se casó jamás, pero tuvo cuatro hijos. Vendió por lo menos 30 millones de discos. Rompió récords. Recibió todos los premios que pueda uno imaginarse. Hizo lo que quiso en la industria musical. Compartió el escenario con los más grandes de su tiempo, pero quizás él fue más grande que ellos. Murió de un infarto, como librándose de una agonía que habría sido una injusticia.

editorial@eltiempo.com

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Cientos de personas lloran y cantan las canciones de Juan Gabriel al pie de su escultura en la Plaza Garibaldi en Ciudad de México. Foto: REUTERS

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