Editorial

Un mercado mortal

La falsificación de medicamentos es un crimen que golpea gravemente a Colombia.

27 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

No es exagerado calificar como un verdadero crimen la falsificación de medicamentos, una amenaza que se propaga en cientos de países y no tiene distingos de las áreas terapéuticas que involucra. Desde un simple analgésico hasta los fármacos de más alta tecnología para combatir el cáncer están expuestos a este delito.

La misma Organización Mundial de la Salud (OMS) ha denunciado que el negocio general por este dolo bordea el 15 por ciento del mercado farmacéutico global, a tal punto que el Instituto Internacional de Investigación contra la Falsificación de Medicamentos (IRACM) estima que cada año se producen casi 200.000 millones de dólares en este tenebroso comercio. Hoy se cree que uno de cada diez medicamentos que se consumen en el mundo es falso.

Y si bien la misma IRACM señala que China es, por encima de India y Rusia, la principal fuente de medicamentos fraudulentos, América Latina no se queda atrás, con un 30 por ciento. Colombia, infortunadamente, según el Instituto de Seguridad Farmacéutica, figura entre las diez naciones que más los producen y comercializan.Las autoridades manifiestan que cuatro de cada diez medicinas que se venden en el país son adulteradas.

Desde un simple analgésico hasta los fármacos de más alta tecnología para combatir el cáncer están expuestos a este delito

Otra arista preocupante es que, aunque más del 90 por ciento de la población en la región conoce de esta situación, solo el 62 por ciento la considera un peligro para su salud y apenas uno de cada tres manifiesta que esto le puede hacer daño, conforme a un estudio de percepción en más de 7.000 personas y revelado en un foro en el marco del Año Francia-Colombia.

Así mismo, llama la atención la creciente preferencia de las personas por comprar sus medicamentos por medio de la red, sin tener en cuenta que, según otros estudios, nueve de cada diez productos y beneficios farmacológicos que se exponen por esta vía carecen del soporte científico y las debidas autorizaciones. Algo simplemente peligroso.

Este problema tiene serias consecuencias, pues el riesgo de que cualquier medicamento pueda ser falsificado o adulterado no solo expone a los enfermos a efectos secundarios insospechados, sino que los aleja de la posibilidad de mejorar un síntoma o curarse y puede terminar en desenlaces fatales, por los cuales nadie responderá.

Injusto sería decir que en este sentido las autoridades se han quedado quietas. Específicamente, en el país, entre el 2013 y el 2015, se realizaron 268 detenciones en 72 operaciones destinadas a atacar el flagelo. Solo el año pasado, señalan los registros oficiales, 24 acciones policiales permitieron desmantelar varias redes de falsificación. Del mismo modo, el Invima, en conjunto con las autoridades aduaneras, adelanta controles periódicos.

Pero eso no es suficiente porque frente a esta epidemia mortal, siguen siendo frágiles las precauciones de la comunidad al comprar los fármacos, para que, aunadas al control y el seguimiento de las autoridades, al menos se pueda buscar un punto de inflexión en esta creciente espiral que, por su carácter lucrativo, parece salirse de las manos.

El llamado es a generar conciencia sobre un fenómeno que, sin miramientos, perjudica a todos por igual.

editorial@eltiempo.com

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