Editorial

Editorial: Eln: la hora de entrar en razón

Este grupo guerrillero debe entender que la única salida posible es la de la negociación.

03 de septiembre 2016 , 11:59 p.m.

Mientras avanza el calendario hacia el plebiscito del próximo 2 de octubre, en el cual los colombianos tendrán la oportunidad de darle su apoyo o no al acuerdo final para la terminación del conflicto, negociado entre el Gobierno Nacional y las Farc, sigue pendiente un tema que también compromete la construcción de la paz en Colombia. Este no es otro que el avance del diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (Eln), hoy por hoy en una especie de limbo como consecuencia de la falta de claridad del grupo guerrillero.

Como se recordará, el pasado 30 de marzo se anunció la definición de una hoja de ruta que implicaba varios pasos, entre ellos el arranque de una etapa de conversaciones públicas que comenzaría en Ecuador. Desde entonces el calendario ha avanzado, sin que se inicien acciones en firme que permitirían abrigar la esperanza de un entendimiento definitivo.

Romper el hielo exige no solo mantener abiertas las vías de comunicación entre las partes, sino, sobre todo, buena voluntad. En concreto, el Eln no puede hacer oídos sordos a las voces que le exigen renunciar a la abominable práctica del secuestro y devolver a aquellas personas que están en su poder, cuanto antes y sin dilaciones. Si es cierto que la agenda que mueve a ‘Gabino’ y su gente es la voluntad de la sociedad colombiana, es incuestionable que lo que esta quiere es que desaparezca ese flagelo, ojalá para siempre.

Lamentablemente, hay que constatar que, lejos de disminuir, la retención indebida de personas por la agrupación parece ir en aumento. Aparte de la injustificable privación de su libertad de que fue objeto la periodista Salud Hernández-Mora, están los casos conocidos de Odín Sánchez Montes de Oca, en el Chocó, y, más recientemente, de una serie de cultivadores de arroz en Arauca.

Ante esa realidad, la Casa de Nariño no tiene una alternativa distinta que la de sostener como condición necesaria para ir más allá la de exigir la liberación de todos los secuestrados. Sin olvidar su dolor y con el deseo del pronto regreso de sus seres queridos, las familias afectadas tienen que colaborar con las autoridades presentando las denuncias correspondientes para que se dimensione el tamaño del problema y nadie quede relegado a su suerte o a la voluntad de sus crueles carceleros.

Adicionalmente, sería ideal que las fuerzas vivas de la nación se movilicen para que la guerrilla entienda que sus prácticas son inadmisibles. Pretender que así se golpea al Estado capitalista y burgués no tiene cabeza, cuando de lo que se trata es de acabar las injusticias cuyo origen está en una guerra que daña todo lo que ha tocado.

Mientras llega la hora de entrar en razón, tampoco se debe olvidar la necesaria presión militar. El número de bajas y capturas en las filas ‘elenas’ se está incrementando, y debería llevar a los dirigentes de esa organización a darse cuenta no solo de que su lucha armada no tiene propósito ni posibilidad de triunfar en el terreno militar, sino de que la única salida posible es la de la negociación, pues la sociedad colombiana es generosa con quienes tienen verdadero propósito de enmienda.

No está de más, igualmente, utilizar la diplomacia. Es un secreto a voces que el Eln hace presencia en tierras venezolanas, aprovechando los vacíos de poder que abundan en la nación vecina, al igual que cierta complacencia de las autoridades bolivarianas debida a una mal entendida solidaridad revolucionaria. En momentos en que el proyecto del socialismo del siglo XXI enfrenta el descontento popular, bien valdría la pena que Bogotá insista en que la ruta de la paz no termina en lo conseguido con las Farc.

Y a propósito de esta última agrupación, también podría insistir públicamente en la importancia de que se silencien los fusiles. Son sabidas las diferencias que hay entre una y otra organización, pero existe cierto grado de interlocución que no se debe desaprovechar, y menos en esta etapa.

El balón, entonces, está en la cancha del Eln, el cual debe indicar con hechos si desea continuar en el campo de juego. Si el actual ‘impasse’ se supera, es de suponer que comenzará un capítulo diferente en el cual el nivel de interlocución de las instituciones será el adecuado, con el fin de que los debates contribuyan de verdad a entender planteamientos y buscar puntos de encuentro. En ese terreno, el papel de la Iglesia puede ser fundamental, haciendo aportes de buena voluntad como los completados hasta ahora.

La esperanza es lo último que se pierde, dice el conocido refrán. En este caso, hay que conservar viva esa llama, pues así se extinguiría una fuente adicional de conflicto en Colombia. Ello no evita la firmeza de las posturas, pero siempre con la voluntad de que, ojalá más temprano que tarde, el ánimo de pasar de la lucha armada a la confrontación de ideas se note en los dirigentes de la agrupación guerrillera.

EDITORIAL

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