Editorial

El relevo en la Vicepresidencia

Vargas Lleras asume otros retos tras su gestión como responsable del avance de la infraestructura.

14 de marzo 2017 , 12:42 p.m.

Es posible que no exista un hecho en Colombia que simbolice el comienzo de la temporada electoral como el retiro del cargo de vicepresidente Germán Vargas Lleras. Luego de una intensa gira que incluyó la entrega de numerosas obras a lo largo y ancho del país, el número dos del Gobierno se despide con un acto que tiene lugar en la noche de hoy y en el que se pondrán de relieve las realizaciones bajo la órbita del funcionario.

Sin duda, el político bogotano mantuvo un elevado perfil desde el primer día que llegó a su despacho. Uno de los motivos fue haber recibido el encargo de supervisar los programas del Ejecutivo relacionados con vivienda, agua potable e infraestructura, los cuales recibieron asignaciones presupuestales y asumieron compromisos de vigencias futuras, por montos que opacan los promedios históricos.

Poner en marcha las estrategias con el fin de cumplir con las ambiciosas metas establecidas no era una tarea fácil. Sin embargo, Vargas Lleras lo logró gracias a una pasmosa capacidad de trabajo –pese a enfrentar y, por fortuna, superar con éxito una delicada enfermedad– que le permitió mover al ritmo necesario el tradicionalmente paquidérmico aparato estatal, lo cual generó no pocas tensiones dentro de la Administración, dado su estilo frentero y exigente.

Las realizaciones están a la vista e incluyen miles de casas entregadas a sus beneficiarios, decenas de acueductos completados, centenares de kilómetros de carreteras terminadas, al igual que una renovación casi total de las instalaciones aeroportuarias y la ampliación en la capacidad de carga de puertos fluviales y marítimos. Quedan muchas iniciativas en marcha, comenzando por las concesiones viales de cuarta generación, que a la vuelta de unos años permitirán romper el cuello de botella de la geografía, que limita la competitividad.

Claro, no faltaron problemas como el del túnel de La Línea, cuya terminación sigue en veremos, o dolores de cabeza, como la sombra de duda que afecta al sector constructor por causa del escándalo de Odebrecht. Al respecto, no está de más señalar el avance en transparencia, pues la adopción de contratos tipo evitó los abusos de épocas pasadas, mientras que el pago de obras contra entrega impide los elefantes blancos que se asocian a la contratación pública.

Gracias a lo conseguido, Vargas Lleras se encuentra dentro del abanico de favoritos, con miras a la primera vuelta en mayo del 2018. Consolidar sus aspiraciones implica nuevos retos, como el manejo de los asuntos de Cambio Radical, el partido que fundó y ha sido cuestionado por los avales entregados a mandatarios regionales sindicados de corrupción.

El próximo exvicepresidente tiene un amplio camino, en el que deberá controlar su temperamento, en ocasiones explosivo. Requerirá ignorar, así mismo, los cantos de sirena si desea guardar lealtad al Gobierno del que formó parte.

Mientras la lucha política se intensifica, el general Óscar Naranjo asumirá la vicepresidencia tras una carrera meritoria de servicios a la patria. Arriba él al cargo con una agenda distinta de la de su antecesor y un mensaje de reconciliación que merece ser escuchado. Buena suerte, entonces, tanto para el que se va como para el que llega.

editorial@eltiempo.com

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