Editorial

El primer capítulo

Unas elecciones tranquilas y con alta participación confirmaron que esta es una democracia vigorosa.

28 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Colombia vivió este domingo una de las elecciones más emotivas de los últimos años. Una cita que fue histórica, toda vez que registró el más alto índice de participación desde los comicios presidenciales de 1974. Una contienda electoral que se realizó en un marco de tranquilidad, no obstante la polarización en el ambiente político.

Sigue siendo el nuestro, por suerte, un país con una democracia vigorosa, y eso quedó claro. Y con un sistema electoral que más allá de los lunares puntuales que ya se conocen, el domingo demostró una notable eficacia reconocida por todos los colombianos, comenzando por los candidatos en contienda. Dicho de otro modo, la Registraduría Nacional ha tenido una jornada exitosa, despejando cualquier manto de sospecha.

Consolidados Iván Duque, del partido Centro Democrático, y Gustavo Petro, de Colombia Humana, como los aspirantes al solio de Bolívar para la segunda vuelta, comencemos por decir que esta vez las encuestas en su gran mayoría acertaron sobre todo en cuanto a los dos punteros. El ascenso de Sergio Fajardo, de Coalición Colombia, aunque algunas lo alcanzaron a prever, claramente sorprendió. Este es especialmente el punto más novedoso, con mayor razón cuando triunfó en Bogotá, por encima del exalcalde Petro.

Los comicios mostraron la existencia de un potente deseo de renovación, y, por otro lado, la consolidación de una fuerza electoral: el uribismo.

De cara a la siguiente cita en los puestos de votación, el próximo 17 de junio, la carrera sigue abierta. Nada está dicho. Es verdad que Iván Duque se ha consolidado con una votación de más de siete millones y medio, lo cual deja al uribismo como la principal fuerza política del país. Es cierto y real también que los votantes de Gustavo Petro y de Sergio Fajardo, que sumados se acercan a los diez millones, encarnan un potente deseo de renovación.

Otro aspecto para el análisis es la derrota del Partido Liberal, que se preveía, mas se trata de una colectividad histórica, con glorias y fracasos, pero que con el conservatismo han marcado la vida política del país por largos años.

No tuvo el resultado que esperaba tampoco Germán Vargas Lleras, de Cambio Radical, un hombre nacido en cuna política y con un programa serio. Como ocurrió con De la Calle, no les fue bien a los exfuncionarios del Gobierno, así sus obras, valiosas sin duda, merecieran mejor reconocimiento.

Es, por supuesto, un enigma a esta altura cuál será el destino de los votos de quienes no accedieron al balotaje: los pronunciamientos de los candidatos derrotados anoche no dieron mayores pistas. Eso sí, y esto hay que aplaudirlo, todos se caracterizaron por dar ejemplo, una vez más, de respeto a las reglas de juego. Esto es de aplaudir.
Hay que solicitarlo con vehemencia, que lo que resta de la contienda se lleve a cabo con altura y respeto. Quedan dos polos completamente opuestos en competencia:
tanto Iván Duque como Gustavo Petro tienen sobre sus hombros la enorme responsabilidad de darle al debate el nivel que exige; de tener muy claro que tomar como blanco a las instituciones es inaceptable, pues al obrar así todos pierden.

editorial@eltiempo.com

Elecciones en Bogotá

Estas elecciones registraron el más alto índice de participación desde los comicios presidenciales de 1974.

Foto:

Héctor Fabio Samora/EL TIEMPO

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