Editorial

El héroe de verdad

Roger Casement, ejecutado hace 100 años, dejó una historia épica al mundo.

17 de agosto 2016 , 08:36 p.m.

Murió hace cien años –ya unos cuantos días más– un héroe de verdad: el relevante diplomático británico Roger Casement, que luchó contra los abusos de los peores años del colonialismo. La vida de Casement es una vida literaria, pues no solo inspiró hace algunos años ya una celebrada novela de Mario Vargas Llosa titulada 'El sueño del celta', sino que, mientras reportaba las atrocidades que sucedían en el Congo, conoció ni más ni menos que a Joseph Conrad cuando apenas era un marinero que coleccionaba aventuras, y luego viajó al Amazonas para reportarle a su gobierno los abusos de la Casa Arana contra los indígenas del Putumayo, tal como después lo hizo José Eustasio Rivera en 'La vorágine'.

Conrad, Rivera, Vargas Llosa: si Casement aparece en esas tres biografías como una figura importante es porque en el mundo sigue siendo un ejemplo aquel que lucha contra la opresión, contra el racismo; es porque los problemas del globo –desde el colonialismo y el despojo de la humanidad, pasando por los nacionalismos que lo desdibujan todo, hasta la homofobia– siguen siendo esos mismos. Casement, que nació en 1864 cerca de Dublín en una familia que iba del catolicismo al protestantismo, y que quedó huérfano muy pronto, abandonó el servicio colonial en 1913 para dedicarse a la causa irlandesa, pero su paso por aquella lucha lo condujo tres años después a ser capturado por traición a la corona británica. La prensa de su país lo lapidó por ser homosexual hasta arruinar las peticiones de clemencia de los intelectuales de la época. Fue condenado a la horca.

Casement, ejecutado a los 51, dejó su historia épica al mundo, pero también los diarios que siguen siendo un misterio digno de novelistas. Celebrar los cien años de su muerte es reconocer una vida dedicada a la idea básica, pero siempre en juego, de que ningún ser humano tiene por qué vivir en la opresión, en el limbo aquel en el que pierde su dignidad y sus derechos a manos de los poderosos y ante la indiferencia de tantos. Casement ha sido contado, como un luchador lleno de complejidades, de la mejor manera, pero habrá que seguir dando su ejemplo de compasión y de justicia.

editorial@eltiempo.com

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