Editorial

Editorial: El Eln, a la mesa

La paz en la mesa depende, sobre todo, del realismo, la unidad de mando y voluntad de los 'elenos'.

07 de febrero 2017 , 08:01 p.m.

Con el reloj atrasado largo tiempo, se instaló, por fin, este martes en Quito (Ecuador) –país al que hay que agradecer, junto a las demás naciones garantes– la esperada mesa de diálogo con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (Eln).

Ya era hora. Más cuando el país observa que unos 6.300 guerrilleros de las Farc han arribado a las 26 zonas veredales acordadas con el Gobierno para la dejación de las armas y su incorporación a la vida democrática, después de un largo, tenso y arduo proceso que llevó casi seis años de gestación y negociación.

Pero se hace camino al andar. Nadie entendía cómo los ‘elenos’, la segunda guerrilla del país, con unos 1.800 hombres, seguían tan reacios a sentarse a la mesa, luego de tres años de diálogos exploratorios y de 10 meses de haberse logrado en Venezuela la agenda de seis puntos que comienza a discutirse mañana.

Se suele decir que nunca es tarde, y es válido, en el sentido de que este grupo subversivo, conformado en 1964, aborda el tren de la paz, que se le estaba pasando. Como su ideología.

La guerrilla llamada ‘del cura Pérez’, y en la que militó el también sacerdote Camilo Torres, está muy lejos de sus ideales revolucionarios. Hoy, dedicada a la tenebrosa y despiadada práctica del secuestro como una de sus formas de financiación. Además de la extorsión, de la minería ilegal –históricamente, del oro–, del chantaje a las petroleras, o del clientelismo armado en zonas como Arauca, o del cultivo de coca, en especial en el Catatumbo. Eso lo sabe y lo sufre Colombia.

El hecho cierto es que después de dejar en libertad al exgobernador del Chocó Odín Sánchez, por quien llegaron a pedir 3.000 millones de pesos y que se había cambiado hacía 10 meses por su hermano Patrocinio, y luego de liberar al soldado profesional Fredy Moreno Mahecha y de que, a su vez, el Gobierno indultara a los guerrilleros Nixon Cobos y Leivis Enrique Valero, han empezado formalmente las negociaciones con el Eln.

El optimismo no es la nota imperante en la sociedad. Eso se lo ha ganado esa guerrilla. Pero ese es precisamente uno de sus retos. Y cada vez que haya una nueva esperanza de silenciar los fusiles, de aliviar a miles de colombianos de la zozobra del fuego cruzado o de perder a un ser querido, o de ver a un hijo reclutado por la subversión, hay que apostarle a un proceso de paz negociada. Es el mejor camino.

En manos de la cúpula del Eln está revertir la sensación de incertidumbre a base de jugar limpio, de demostrar voluntad y que sí hay una unidad de mando, en cabeza de Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, de ‘Antonio García’ y de ‘Pablo Beltrán’.

Hay que esperar que los vientos de la paz soplen en la mesa quiteña. Y desearles suerte al exministro Juan Camilo Restrepo y a su equipo negociador por el Gobierno. No será fácil, pero ya hay bases. Y si estos seis puntos –participación de la sociedad, transformaciones para la paz, democracia, víctimas, fin del conflicto e implementación de los acuerdos– llegan a buen puerto, Colombia habrá ganado otra de sus más duras batallas. “Hay que tener grandeza para poner la paz por encima de las diferencias”, dijo anoche Juan Camilo Restrepo. Ojalá ese sea el espíritu en la mesa.


editorial@eltiempo.com

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