Editorial

Editorial: El descache de Peña Nieto

Hoy más que nunca se configura el estatus xenófobo, racista y represivo de la campaña de Trump.

01 de septiembre 2016 , 07:57 p.m.

En México aún se preguntan qué pasó por la cabeza de Enrique Peña Nieto para que decidiera invitar al país al candidato presidencial republicano, Donald Trump, y, peor aún, darle prácticamente un estatus presidencial al hombre que más ha insultado a su pueblo en los últimos meses.

Dice Peña Nieto que su idea era exigirle que “respetara a los mexicanos” y “enfrentar la amenaza y el riesgo” que hay sobre esa nación. Pero las cosas no salieron como esperaba y su gesto no fue tomado como una señal de valentía, sino de debilidad. Para colmo, Trump no solo no se retractó de sus afirmaciones de que de México solo llegan violadores y delincuentes, sino que insistió en que construirá un muro en la frontera, para luego reconfirmar, en un discurso en Phoenix, que se lo hará pagar a los mexicanos. Un tardío Peña Nieto reaccionó por Twitter para asegurar que el muro no lo pagarían los mexicanos, como si el fondo del debate fuera quién pondrá el dinero, y no su existencia misma.

Humillante, si se quiere, para quien horas antes, con poco tacto político, le abría las puertas de la residencia de Los Pinos. Como explicó Trump en Arizona, el muro y las deportaciones masivas son el eje de su política migratoria. Por supuesto, los más perjudicados serán los mexicanos si el magnate llega al poder el 8 de noviembre.

Las críticas contra Peña Nieto, que quizás vio en este episodio una oportunidad para subir su maltrecha popularidad, no se centraron en el plano interno, sino también en el impacto que su invitación puede tener en las elecciones estadounidenses. En su afán de neutralidad, pues también invitó a la candidata demócrata, Hillary Clinton, terminó apuntalando la aspiración del multimillonario y brindándole un escenario internacional en que fungió con aura de presidenciable y no de presentador de reality, lo que ha sido uno de los principales lastres de su campaña.

Más allá del episodio puntual de México, hoy más que nunca se configura el estatus xenófobo, racista y represivo de la campaña de quien podría ser presidente de EE. UU. En los 11 millones de indocumentados se centrará la persecución. Así que los países del hemisferio no deberían estar tranquilos.

editorial@eltiempo.com

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