Editorial

El derrumbe de un edificio

¿Qué autoridades negligentes permitieron las anomalías que llevaron a esta tragedia?

29 de abril 2017 , 12:00 a.m.

Fue en cuestión de minutos, segundos quizás, que se vino abajo, antier, en el barrio Blas de Lezo de Cartagena, un edificio de siete pisos que llevaba seis apurados meses en construcción. Pronto, cientos de socorristas, 300 según ciertas versiones, acudieron al auxilio de los posibles damnificados. Pero ya habían muerto, bajo los escombros, diez de los cuarenta obreros que trabajaban en el andamiaje. Veintiséis heridos fueron conducidos a las clínicas más cercanas.

El lugar de la calamidad, acordonado por la policía –que empujaba a los transeúntes sin entender del todo la situación–, se llenó de personas que buscaban a sus familiares entre las ruinas, con el corazón en la mano.

Pronto, luego de los reportes de las autoridades, después de las dolorosísimas imágenes de unas familias destrozadas por el terrible accidente, desde las oficinas del Distrito empezó a hacerse la pregunta más importante de todas: ¿cómo es posible que a estas alturas de la historia de la construcción, cuando se han afinado las técnicas en esta materia a más no poder, se caiga un edificio de buenas a primeras?, ¿cómo es posible que las alarmas se hayan escuchado demasiado tarde? Como lo han dicho los habitantes del barrio, que fueron testigos de las irregularidades durante la edificación, puede ser que el problema principal –el origen de la tragedia– sea que haya sido construido “en tiempo récord”.

Se habla de obreros venezolanos. Se insiste en que las placas no cumplieron con el tiempo de secado. Se ha contado que la obra no tenía un ingeniero de campo que la supervisara. Pero lo peor, que no contaba con licencia, o que era falsa. Este es un hecho de inusitada gravedad.

Es el momento de que se aclare todo. Y de la solidaridad ante un derrumbe que es el derrumbe de tantas familias, el destino truncado de tantos padres e hijos. Pero es la ocasión de investigar a fondo no solo qué normas tuvieron que incumplirse durante los últimos seis meses para que sucediera semejante catástrofe, sino qué autoridades negligentes permitieron que las anomalías prosperaran.

editorial@eltiempo.com

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