Editorial

El cruel abandono de los niños

Solo el año pasado, el ICBF abrió 226 procesos de protección de niños y adolescentes por abandono.

07 de abril 2017 , 12:00 a.m.

No es equivocado decir que el nivel de bienestar de un niño es un reflejo claro del tipo de seres humanos que son sus padres, sus cuidadores y la misma sociedad en la que crece.

Abandonar o descuidar a los hijos, sobre todo cuando están pequeños, es un acto de inconsciencia, crueldad e inhumanidad. No se entiende por qué un adulto, más allá de cualquier circunstancia difícil, los abandona a su suerte durante jornadas y días enteros, indefensos, expuestos a peligros, hambre, miedo y abusos.

Basta ver las cifras oficiales que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar tiene sobre este drama: solo el año pasado abrió 226 procesos de protección de niños y adolescentes por abandono, únicamente en Bogotá; durante enero de este año se reportaron 27 casos, casi uno por día.

Sería mezquino no reconocer que muchos jamás optarían por abandonarlos si contaran con un mínimo apoyo, asistencia u orientación.

Pero más allá de estos datos, llama la atención que quienes incurren en estas prácticas sean, en su mayoría, personas que experimentaron conflictos con su maternidad o paternidad, es decir que se convirtieron, por ejemplo, en padres a corta edad o que fueron sorprendidas por un embarazo no deseado, cuando carecían de la madurez necesaria para asumir semejante responsabilidad.

Entre los protagonistas de estos hechos también se encuentran aquellos que han enfrentado el abandono mismo, carencias afectivas, violencia intrafamiliar, rechazo, enfermedades mentales y consumo de drogas y alcohol. Todo esto adobado por fuertes presiones económicas y falta de oportunidades.

Sin olvidar que algunos padres tienen que dejar a sus hijos solos mientras ellos rebuscan ingresos que a duras penas les dan para sostenerse. Pagarle a alguien por el cuidado de los pequeños es imposible para estas familias.

Por los terribles impactos que este fenómeno genera en los niños, es apenas lógico que haya cárcel para los adultos responsables, pero sería mezquino no reconocer que muchos jamás optarían por abandonarlos si contaran con un mínimo apoyo, asistencia u orientación. Más allá de condenas judiciales, es un problema grave que se resuelve sobre todo con políticas decididas de protección a la infancia, con una visión de futuro, y urge hacerlo.

editorial@eltiempo.com

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