Editorial

Paro minero: urge una salida

Las partes deben perseverar en el diálogo para encontrar pronto puntos de encuentro.

22 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

En medio de la confusión reinante, algunas cosas van quedando claras respecto al largo paro minero, que ya completa un mes, en los municipios antioqueños de Segovia y Remedios.

Los mineros que protestan reclaman una mayor tajada de las ganancias fruto de la explotación del oro en la zona correspondiente al título de la empresa canadiense Gran Colombia Gold.

También están en contra de la normativa que fija un plazo para formalizar y tecnificar, so pena de que sus minas sean clausuradas. Ellos defienden una actividad que les ha dado sustento por varias generaciones, lo cual no admite dudas, pero esta causa no puede convertirse en óbice para un cambio necesario. La tradición no puede ser una camisa de fuerza.

Los fuertes disturbios registrados en la movilización lamentablemente han dejado tres muertos, más de veinte heridos, un colegio gravemente afectado –con sus alumnos hoy en las casas–, desplazamientos masivos y una cada vez más preocupante escasez de bienes básicos. La situación ya puede calificarse de crítica, y por ello un rechazo contundente a la violencia, venga de donde venga, tiene que ser el primer paso hacia una solución.

Lo justo es que haya espacio para todos, más si se trata de aquellos para quienes la actividad es una fuente tradicional de subsistencia

Mientras que quienes se han movilizado para protestar denuncian –por medio de videos– excesos de la Policía, esta institución asegura haber capturado a 19 infiltrados en las protestas. Aquí es importante recordar que la anarquía es una excelente aliada para quienes financian con minería ilegal sus emporios criminales, muchos de los cuales incluyen el ejercer control territorial. A estas agrupaciones, que saben pescar en río revuelto, sean ‘Gaitanistas’ o Eln, sí que les conviene que haya demora en llegar a un acuerdo.

Además, es claro que ambas partes deben perseverar en el diálogo para encontrar pronto puntos de encuentro y que, también, es bienvenida la mediación del Gobierno, como ya lo anunció el ministro del ramo, Germán Arce. Es lo mínimo frente al drama de miles de habitantes de la región. Como es frecuente que ocurra en zonas de tradición minera, la economía local depende exclusivamente de este metal, así que todos pierden, salvo, insistimos, los ilegales.

Tampoco hay duda en cuanto a que el objetivo debe ser una explotación que garantice condiciones laborales dignas, en un marco de total imperio de la ley. Lo justo, así mismo, es que haya espacio para todos, más si se trata de aquellos para quienes la actividad es una fuente tradicional de subsistencia y nada tienen que ver con los que, desde la ilegalidad, recurren a ella para extraer rentas mientras arrasan ecosistemas y tejido social.

Esta actividad económica, cuando tiene como escenario territorios de limitada presencia estatal, constituye un poderoso imán para las mafias. De ahí que cuanto más continua y robusta sea esta, menor será el campo de acción de los delincuentes y mayor la capacidad de regular la industria y hacerla más segura, sostenible y, sobre todo, equitativa.

Esa es la salida. Cualquier acuerdo que no contemple dicha ruta será apenas un paño de agua tibia. Que sea esta la oportunidad, además, para sentar un referente del cual tomen nota otras regiones.

editorial@eltiempo.com.co

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