Editorial

Harold Orozco, buena vibra

Tuvo una brillante carrera como uno de los músicos más originales y carismáticos de la Nueva Ola.

02 de mayo 2017 , 10:49 p.m.

Para comprender del todo lo importante que fue el cantante Harold Orozco para nuestra cultura, y por qué su llegada a los escenarios del país significó una suerte de ruptura, habría que recordar que hubo un tiempo en el que la música popular colombiana fue sobre todo la música folclórica: géneros como el bambuco, el pasillo o la cumbia se aprendían y se escuchaban en las salas de las casas.

Orozco creció en Cali, la ciudad en la que nació en 1947, y allí descubrió –en la luminosa década de los 60– lo mucho que le gustaba la estridencia de las guitarras eléctricas, que eran el pulso del rock and roll. Pronto entró a ser uno de los principales discípulos del productor y presentador Alfonso Lizarazo: “Él fue el primer cantante de la Nueva Ola que yo lancé desde Radio 15”, declaró Lizarazo a EL TIEMPO.
Harold tuvo una brillante carrera como uno de los músicos más originales y más carismáticos de esa Nueva Ola; no solo fue protagonista del famoso Club del Clan, sino que desde el comienzo se destacó como arreglista de las estrellas que fue descubriendo Lizarazo: Óscar Golden, Vicky y Ana y Jaime fueron dándose a conocer como representantes de la nueva música. Harold fue el autor de éxitos como Déjala que se vaya, Vida mía, Y por tanto y Destino: la ciudad.

Lo claro es que se ganó con sus discos un lugar en la memoria de todos los colombianos nacidos en los años 50 y 60. Y en sus últimos años se dedicó a la composición de música publicitaria. Murió en Medellín a los 70, luego de seis años de luchar contra una enfermedad cardiaca.

La noticia de su muerte produjo de inmediato una cascada de reacciones: su amigo, el legendario locutor Manolo Bellón, en las redes sociales le dio las gracias “por la música, tu amistad y tu siempre buena vibra”. Habría que recordar qué clase de sociedad era la colombiana para comprender la enorme importancia de Orozco –y de Lizarazo, y de la gente de la Nueva Ola– entre los jóvenes que crecieron bajo los rigores y las tradiciones del Frente Nacional. Harold ya hace parte de la educación sentimental de millones de colombianos y de nuestro folclor. Eso es lo que dejan innatos artistas como él.

editorial@eltiempo.com

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