Editorial

Editorial: Días de oro y plata

Lo alcanzado en Río es un indicador de un momento histórico del deporte colombiano.

16 de agosto 2016 , 12:07 a.m.

Con la medalla de oro conquistada por Caterine Ibargüen en la prueba del salto triple femenino, Colombia logró ya la mejor actuación del país en la historia de los Juegos Olímpicos de Verano, amén de lo que pueda ocurrir esta semana, y los pronósticos permiten ser optimistas.

Por ahora, la de Colombia ha sido una actuación brillante en la que nuestros representantes han hecho vibrar a sus compatriotas. Es un hecho que la gesta de Londres 2012, con una presea dorada, tres de plata y cuatro de bronce, había puesto el listón muy alto. El reto, en consecuencia, era no solo mejorar tal desempeño sino demostrar que lo conseguido en suelo británico hace cuatro años tuvo más de rigor, planeación y constancia que de azar. Que no había sido un golpe de suerte.

En ese sentido, que tres de los cuatro medallistas de Río lo hayan sido también en Londres es un argumento más para afirmar que, a ese nivel, se hizo un excelente trabajo. Ibargüen, Figueroa y Alvear dedicaron estos cuatro años a prepararse para mejorar su desempeño, y lo consiguieron.

No cabe duda de que los deportistas de élite cuentan con respaldo suficiente y de que estos han sido conscientes del tamaño del reto y han estado a la altura. Su profesionalismo, más allá de sus aptitudes físicas, es digno de una ovación. La madurez mostrada por ellos es, de alguna manera, indicador de un avance de toda una sociedad.

Si es por la élite, podemos hablar de un momento histórico del deporte colombiano, en el que diamantes en bruto han contado con lo necesario para llegar a lo más alto y, lo que es más difícil, mantenerse ahí. Cuánto ha cambiado desde esas justas en las que una medalla de bronce era tremendo botín o de aquellas, como Atlanta 1996, en que la delegación regresaba con las alforjas vacías y sus cabezas, a rendir cuentas al Congreso. En apenas dos décadas se ha avanzado a pasos agigantados.

Todo esto se constituye en un sólido y creíble incentivo para los miles de deportistas que sueñan con llegar a lo más alto. En este grupo estaba Yuberjen Martínez, el corajudo pugilista antioqueño, ganador de medalla de plata en la categoría de los 49 kilogramos y que en estos Olímpicos llegó, gracias a sus puños y su agilidad en el cuadrilátero, a ese anhelado peldaño.

Congratulaciones aparte, procede advertir que, no obstante el logro histórico, en lo visto hasta ahora en Río se han asomado detalles que haría bien Coldeportes en corregir y que pasan sobre todo por la necesidad de que aquellos que no son Ibargüen, Figueroa o Alvear cuenten con un grado de tranquilidad en su formación y preparación, si no idéntico, por lo menos muy similar. Con la relativa excepción del fútbol, es claro también que los avances en deportes de conjunto están muy por debajo de las expectativas.

Para ser concretos: aunque se avanza en la dirección correcta, queda trecho, incluso teniendo en cuenta las limitantes presupuestales propias de un país con un desempeño económico como el nuestro. Es viable, porque es el caso de naciones con niveles de desarrollo similares, el escenario en el que deportistas con historias de vida como la de Yuberjen Martínez la casa anteceda a la hazaña.

EDITORIAL

editorial@eltiempo.com.co

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