Editorial

Deforestación en el Caquetá

Defender los bosques amazónicos y su biodiversidad, es ahora un enorme reto para el Estado.

05 de mayo 2017 , 10:32 p.m.

La verdad es que solo hasta este año el Estado ha tenido que enfrentarse con las imágenes devastadoras de la deforestación en el Caquetá. Durante décadas, hasta el principio del 2016 incluso, la destrucción de los bosques amazónicos había sido un problema con el que habían tenido que lidiar las innegables autoridades del lugar: las Farc. De cómo sea ocupada la región, de cómo se enfrente la deforestación que dejaron la coca y la ganadería desesperada e irreflexiva dependerá la esperanza de los caqueteños en el acuerdo de paz. El plan contra la ruina de esa parte del Amazonas será una buena medida para ver qué tan preparados estamos para volver a ser un solo país.

Se publican imágenes apocalípticas de árboles convertidos en palos y cenizas. Se habla con razón de una masacre forestal en zonas de reserva: 33 por ciento de los bosques del Caquetá, según se dice, se han tumbado. Se señala con horror municipios como Uribe, Vista Hermosa y La Macarena. Se concluye que las Farc volvían la selva impenetrable para los colonos inescrupulosos que han estado tumbando parques naturales para convertirlos en potreros adecuados para la ganadería extensiva. Se dice, con dolor, que lo más probable es que, mientras la guerrilla es reemplazada por la verdadera autoridad, cientos de personas sigan metiéndose en el monte a talar y a sembrar en esa zona gigantesca, donde las autoridades tendrán que redoblar sus esfuerzos para evitar una catástrofe ambiental.

Sin duda, es una magnífica noticia que el Ministerio de Ambiente y el PNUD se hayan aliado para proteger este lugar. Si no se interviene la Amazonia colombiana como se ha pensado –impidiendo la tala, estimulando la ganadería responsable, supervisando la agricultura sostenible, incluso incorporando a los excombatientes de las Farc al control ambiental–, es lo más probable que dentro de poco sea un fracaso la difícil tarea de defender los bosques amazónicos y su biodiversidad. El Estado, que no ha conseguido llegar a una buena parte de nuestro territorio, tiene por delante otro reto enorme, pero antes ni siquiera lo tenía.

editorial@eltiempo.com.co

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