Editorial

Editorial: Cojeó pero llegó

Ni España, ni Colombia, ni el mundo están acostumbrados a que la ley actúe sobre los poderosos.

20 de febrero 2017 , 07:20 a.m.

Luego de seis años de escándalos e investigaciones, después de unos cuantos meses de discusiones acaloradas en los tribunales del llamado ‘caso Nóos’, la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca ha condenado a seis años y tres meses de cárcel al señor Iñaki Urdangarin por prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencias y un par de delitos contra la hacienda pública española. Es una noticia muy importante, puesto que se trata del esposo de la infanta Cristina de Borbón, es decir, ni más ni menos que el cuñado del rey de España. Y ni su país, ni Colombia ni el resto del mundo están acostumbrados a que la ley ponga en su sitio a los poderosos.

De hecho, la propia infanta Cristina se ha salvado de ir a prisión y fue absuelta de los delitos fiscales por los cuales estaba siendo investigada, pero debe pagar una multa de 265.088 euros. Urdangarin, que en un principio fue conocido en esa nación como el jugador de balonmano que se enamoró de la infanta, en los últimos tiempos ha sido visto como el vividor que usó sus conexiones en la realeza para quedarse con una parte del dinero de los contratos que conseguía en nombre de su Instituto Nóos: no habrá recibido los 19 años de cárcel que se pedían para él, pero el mensaje es claro de aquí a Cafarnaúm: nadie se encuentra por encima de la ley.

Nunca antes fue llevado a juicio un miembro de la familia real. La infanta Cristina habrá dejado de hacer parte de la familia desde que su hermano fue proclamado rey –y le retiró a ella el título de Duquesa de Palma de Mallorca–, pero el caso empezó mucho antes. Y de aquí en adelante será un buen ejemplo de cómo la justicia, que tantas veces cojea pero no llega, puede recordarnos que somos iguales ante la ley. Si a cualquiera de nosotros le hubieran preguntado si habría justicia en el caso de Urdangarin, “el yerno ideal” de finales de los 90, quizás habríamos dicho “no”.

En estos tiempos llenos de desesperanza, cuando tantos regímenes caen en la tentación de despreciar al periodismo y de poner en entredicho las decisiones de la justicia, esta es una condena ejemplar.

editorial@eltiempo.com.co

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