Editorial

Con cabeza fría

Colombia debe saber negociar frente al aumento de aranceles en compras externas de hierro y aluminio

04 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Cuando hace más de dos meses Donald Trump anunció que por motivos de seguridad nacional su gobierno aumentaría los aranceles a las compras externas de hierro y aluminio que hace Estados Unidos, cada país afectado empezó a hacer números. A fin de cuentas, las naciones afectadas potencialmente por la decisión superan el centenar, incluyendo a Colombia.

Desde entonces, la Casa Blanca ha moderado ligeramente su postura. Por ejemplo, Canadá y México siguen exentos de la medida, condicionada a la renegociación exitosa del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En otros casos se viene difiriendo el impuesto a las importaciones, mientras prosiguen conversaciones bilaterales orientadas a fijar cuotas que buscan proteger la industria norteamericana y castigar particularmente a China, culpada desde épocas de la campaña como un ejemplo de competencia desleal.

Brasil y Argentina siguieron el ejemplo de Corea del Sur, en el sentido de limitar voluntariamente sus exportaciones. Dependiendo de la categoría del producto, en algunos casos las ventas serán similares a los promedios históricos recientes, mientras que en otros llegarán, incluso, al 70 por ciento, lo cual les garantizaría un mayor espacio a los fabricantes estadounidenses y evitaría una operación conocida como triangulación, cuya meta es impedir que los artículos chinos lleguen por la puerta de atrás.

Los llamados a revisar el TLC suscrito entre ambos países no tienen utilidad en este caso y pueden crear todavía más problemas.

En el entretanto, Colombia continúa a la espera. Si bien los volúmenes del país son relativamente menores, aranceles como los mencionados (25 por ciento para el acero y 10 por ciento para el aluminio) les quitarían competitividad a los fabricantes nacionales, que en 2017 le facturaron cerca de 60 millones de dólares al Tío Sam.

Aunque a primera vista cae muy mal que una determinación unilateral golpee al que se supone es el gran aliado de Washington en América Latina, es indispensable que Colombia reaccione con cabeza fría. De manera que solo pueden calificarse de apresuradas las declaraciones de aquellos dirigentes que piden una renegociación del TLC con Estados Unidos, que cumple seis años este mes.

La razón es que el Gobierno colombiano planteó sus argumentos, con el apoyo de la Andi y otros gremios privados, ante los cuales se espera la reacción estadounidense. La impresión que existe es que las charlas van por buen camino, no solo porque nuestro volumen es muy pequeño sino porque, a diferencia de lo que le sucede con otras naciones, la balanza comercial es favorable para la contraparte.

En tal sentido, lo que procede es aceptar el esquema de cuotas, el cual es indudablemente antipático pero minimiza el impacto negativo sobre las manufacturas locales. Y si deseamos elevar una reclamación, vale la pena recordar que el TLC contiene una vía para manejar las controversias entre las partes.

Debido a ello, y así suene tentador, no vale la pena elevar el tono de una discusión que se adelanta por los canales técnicos. Arroparse en la bandera nacional puede ser atractivo para la galería, pero aumentaría los daños que crea una lucha en la cual la pelea de fondo no es con nosotros.

editorial@eltiempo.com

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