Editorial

Catatumbo no da espera

Como los violentos desafían al Estado, este debe responder. Lo que allí hoy ocurre es inaceptable.

20 de abril 2018 , 12:00 a.m.

Hablar de los graves problemas de orden público de la región del Catatumbo, en Norte de Santander, parece recurrente. Pero es que la paz allí es ave rara, pues esta región ha sido una de las más azotadas por los grupos violentos durante muchos años.

Ahora, desde el pasado 10 de marzo, el Eln y el Epl –los ‘pelusos’–, grupos armados enraizados allí que se sienten amos y señores, han resuelto declararse la guerra a muerte. Según voces de la región que le hablaron a la periodista Salud Hernández-Mora, en reportaje para este diario, todo porque el Eln cree que los ‘pelusos’ desconocieron los acuerdos para repartir los negocios que dejaron las Farc. Pero en medio del fuego cruzado está la gente, declarada objetivo militar, y, para mayor absurdo, algunos de ellos tienen familia en uno y otro bando, obligados o voluntariamente.

Y en el polvorín hay un ingrediente letal: el viejo y próspero negocio de la coca. Hoy se están disputando más de 17.000 hectáreas sembradas, según Simci ONU 2016. Esto implica laboratorios y rutas, que incluyen las fronteras con Venezuela, donde se sabe que tienen campo abierto.

Es triste y doloroso que unos bandidos se apoderen de una parte del país y la sometan. Urge intervención integral y contundente.

El doloroso y cruento resultado son muertes de lado y lado –no se sabe cuántas, porque cada uno entierra a los suyos–, secuestros y asesinatos de civiles –de Teorama, el pasado 2 de abril, el Eln se llevó a cuatro vecinos, como quien viene por alguien para un paseo. Paseos miserables, que violan todos los derechos humanos–. Y también que ahora la región se halle bajo un tenebroso paro armado, que ha obligado a las autoridades departamentales a declarar la urgencia manifiesta y a suspender las actividades académicas durante la presente semana y hasta el próximo 22 en los establecimientos urbanos y rurales de once municipios de la zona, además del cierre de hospitales y de parte del comercio.

Este es un panorama increíble e inaceptable que reclama que el Estado haga más presencia que los terroristas que matan con francotiradores, secuestran, destruyen, incendian, someten y desplazan población civil. Y como tales hay que combatirlos sin cuartel. Además, porque no quieren oír los llamados de la Defensoría del Pueblo, de organizaciones sociales y comunales de la región o de la Iglesia. Ayer, el Comité de la Cruz Roja Internacional (CICR) hizo una enfática petición de proteger a los pacientes y las misiones médicas.

Como los violentos desafían al Estado, este debe responder en todos los terrenos. Se necesita atención social en muchos aspectos para arrancar de las garras de la bestia a la gente que quiere trabajar legalmente y en paz. Se requiere autoridad en todos sus aspectos, civiles y judiciales. Pero una autoridad protegida. Porque allí, como se entendió en el cruce de palabras acaloradas entre un coronel y un sargento de la policía, se requiere más pie de fuerza. Lo reclaman en voz baja los ciudadanos.

Catatumbo no da más espera. Son las libertades, las vidas de la población las que están en juego. Y el progreso de la región. El comandante de las Fuerzas Militares, general Alberto José Mejía, estaba ayer en la zona. Ojalá logre conclusiones para tomar acciones. Es triste y doloroso que unos bandidos se apoderen de una parte del país y la sometan a su antojo. ¡Alto!

editorial@eltiempo.com

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