Editorial

Cataluña, así no

El Gobierno catalán pone a su comunidad al borde del abismo con tal de ganarle el pulso a un Rajoy.

22 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

La única solución parece ser la de abrir una obligatoria vía de negociación política. De lo contrario, el cerrado pulso entre Madrid y Barcelona por los anhelos independentistas de un sector de la sociedad catalana podría llevar a situaciones irreversibles y dramáticas.

La razón es que las tensiones están llegando a máximos rara vez vistos, y desde Bruselas, como capital de la Unión Europea, se percibe la situación como una bomba de tiempo que ya inició su cuenta regresiva y podría explotar el próximo primero de octubre, día del anunciado referendo “ilegal”. De labios para afuera, en la UE se considera un asunto interno de España, pero en la intimidad dicho desafío secesionista podría terminar de alborotar nacionalismos latentes en el escenario en el que uno de los grandes países de la Unión termine rompiendo su integridad territorial por una disputa mal gerenciada.

Gobierno español ordena detener a dirigentes de Cataluña

Gobierno español ordena detener a dirigentes de Cataluña que tienen a su cargo la organización del referendo independentista.

Foto:

Efe

El gobierno del conservador Mariano Rajoy y la institucionalidad parecen haber acorralado jurídicamente el referendo. La consulta fue suspendida por el Tribunal Constitucional, 14 altos cargos del gobierno regional fueron detenidos, unos 10 millones de papeletas de la votación fueron incautadas, así como miles de cartas para los ciudadanos designados para trabajar en los colegios electorales. A lo que se sumó la llegada de refuerzos policiales.

Es decir, una batería legal y jurídica inapelable, pero no necesariamente conveniente, ya que la intervención del Gobierno central exacerbó los ánimos, incluso de un sector de la población que era indiferente o escéptica a la ola secesionista de Arthur Mas y Carles Puigdemont. Ayer, miles de personas salieron a las calles a defender su derecho al voto. Y la votación sigue firme.

No obstante, esto no justifica el temerario accionar del gobierno catalán, que parece poner a su comunidad al borde del abismo con tal de ganarle el pulso a un Rajoy atrapado entre los sectores más extremos de su partido y los líderes de otras autonomías. ¡A la brava, no!

Difícil desafío para España, que desde la intentona golpista de Antonio Tejero, en 1981, necesita hoy, más que nunca, de una voz que imponga la serenidad y el diálogo, o un mediador que calme las aguas que la intransigencia agitó.

editorial@eltiempo.com

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