Editorial

Cáncer: mucho por hacer

Este mal tiene que ser hoy uno de los principales retos de cualquier sistema de salud.

10 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

En el mundo cada vez más personas sufren de cáncer, y las proyecciones sobre el mal son preocupantes. Según la Organización Mundial de la Salud, 32 millones de pacientes tienen hoy ese diagnóstico, y los nuevos casos, esa tremenda noticia que reciben muchas personas, se incrementarán en un aterrador 91 por ciento en los próximos 20 años. Estas cifras, que vale recordar en la semana destinada por las autoridades sanitarias para hablar del tema, deben ser un referente en el indeclinable objetivo de atenuar el impacto de esta patología en la población.

Esto en razón a que rigurosos estudios científicos comprueban que al 60-70 por ciento de los pacientes en América Latina se les diagnostica la enfermedad en estados avanzados y la mayoría de las muertes suceden en estratos de ingreso medio o bajo. Sin contar que la atención se concentra en las ciudades principales, lo cual aumenta el drama de los afectados en las zonas rurales y en la periferia.

Es un asunto serio, humano y costoso. Los casos de cáncer le cuestan a la economía latinoamericana algo más de 4.200 millones de dólares cada año, cifra que tiende a elevarse. Por ello, el cáncer se convierte en el principal reto de cualquier sistema de salud.

Para empezar, se prevé que en los próximos años los fallecimientos aumentarán un 106 por ciento. Esta impresionante proyección exige acciones inmediatas, bajo la premisa –bien demostrada– de que la tercera parte del total de los cánceres pueden evitarse, otra tercera parte es curable si se detecta a tiempo y el resto puede ser minimizado en sus efectos si el mal se aborda de manera técnica, científica y, por encima de todo, racional.

En Colombia se han hecho notables esfuerzos en cobertura y medicamentos. Pero muchos logros se truncan por manejos indebidos.

En Colombia, los casi 75.000 casos nuevos y los 33.000 muertos que cada año enmarcan las estadísticas epidemiológicas en esta materia obligan a mirar semejante problema de salud pública de frente y con decisión. Es evidente que el país ha hecho esfuerzos para tener una cobertura universal que garantice los tratamientos y demás necesidades en salud, lo cual incluye la disponibilidad de casi todos los medicamentos de última tecnología en un contexto de seguridad financiera para los enfermos y sus familias.

Así mismo, se ha incluido la vacunación contra el virus del papiloma humano –causa directa de los tumores de cuello uterino–, se han incrementado las regulaciones antitabaco y se han desarrollado planes y políticas para enfrentar la enfermedad. Todo esto merece ser reconocido, sin duda.

Sin embargo, muchos de estos logros se truncan de modo indebido por el cúmulo de barreras que, amparando intereses oscuros, impiden el acceso de la población a tales beneficios en forma equitativa. Es obvio que muchos recursos son malversados, cuando no desviados de manera dolosa, en contra de la vida y el bienestar de muchos ciudadanos. Esto exige acciones claras de las autoridades de vigilancia.

En síntesis, Colombia tiene todo para liderar una propuesta continental en cuanto al modelo de atención y cobertura en este campo. Solo basta que los intrusos indebidos se aparten del camino y permitan que la palabra ‘cáncer’ deje de ser sinónimo de muerte.

editorial@eltiempo.com

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