Editorial

Editorial: Cafesalud, reto inaplazable

De que esta EPS muestre un mejor semblante depende nada menos que el futuro del sistema de salud.

18 de agosto 2016 , 08:30 p.m.

Frente a la incierta situación que atraviesa la EPS Cafesalud, y que pone en riesgo la atención de casi 7 millones de afiliados, lo último que se puede aceptar es que este remedio, administrado por el Gobierno, resulte peor que la enfermedad. Porque aunque hay muchos interesados en que la entidad colapse para lucrarse de sus restos, de ocurrir esto los afectados serán todos los colombianos.

No solo porque en ella hay invertidos dineros públicos, sino porque su buen funcionamiento, puesto al servicio de la gente, sería el colofón de un proceso –ineludible para sanear el sistema de salud– que empezó con la liquidación de Saludcoop y que algunos personajes de dudoso cuño aún no han podido aceptar.

Para entender lo que pasa con Cafesalud y buscar las soluciones, es clave remitirse a la valerosa liquidación de Saludcoop, que implicó un cambio de propiedad de todos los activos de ese emporio y puso fin a la era Palacino. Ni más ni menos.

Pero lo interesante fue que esta tarea no conllevó una capitalización directa del Estado, como sucedió con casos similares a finales de los 90, sino que se adecuó a Cafesalud para que recibiera los afiliados sin la carga de los pasivos y les garantizara los servicios sin tropiezos.

Con esa premisa, y para que la empresa cumpliera con los requisitos de solvencia, el Fosyga hizo una emisión de bonos convertibles en acciones (‘bocas’) de 200.000 millones de pesos. La emisión estuvo acompañada de un convenio de desempeño para asegurar el repago de la deuda por Cafesalud en un plazo de aproximadamente diez años. Una buena idea, en la que todos saldrían ganando y soportada en dos supuestos: que la nueva Cafesalud iba a consolidar rápidamente una red de atención y que sus indicadores mejorarían hasta equilibrar su operación. Pero estos no se han cumplido, ni dan luces de ir por buen camino. El proyecto empieza a hacer agua.

Lo anterior, empujado por unas causas que empiezan por los hospitales y la industria farmacéutica, que han tenido que afrontar pérdidas gigantescas por culpa de Saludcoop y no quieren correr más riesgos negociando con una “empresa de la familia”, por lo que hoy se niegan a prestarle servicios y despacharle insumos y medicamentos. Algo muy grave. Como lo dijo el Ministro de Salud, Cafesalud es víctima de una crisis de confianza.

Y tal crisis la han profundizado, entre otras razones, los escándalos que llevaron a la salida de su primer gerente, Guillermo Grosso, la demora en la calificación de las acreencias y que no ha logrado consolidar un buen sistema de información.

Hay que ser claros: remontar la situación de Cafesalud es un imperativo para este gobierno. Aquí no hay ninguna excusa. Se sabe que a la cabeza tiene un cuerpo directivo honesto y competente, una junta directiva seria, y la voluntad del Ministerio del ramo para resolver el problema.

Sin embargo, ello no es suficiente. Faltan conversaciones y acuerdos claros y firmes –Ministerio mediante– con prestadores y con la industria para garantizar redes y suministros; compromisos verificables con los usuarios y la acción decidida de los entes judiciales para erradicar los focos de corrupción que aún rondan. Lo que está en juego es el futuro del sistema de salud.editorial@eltiempo.com

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