Editorial

Barbarie en Bolivia

El asesinato del viceministro, a manos de un grupo de manifestantes, no puede quedar impune.

26 de agosto 2016 , 06:12 p.m.

Cuando la barbarie se mezcla con la protesta social, las consecuencias pueden ser desastrosas. Eso fue lo que pasó en Bolivia cuando un grupo de mineros, en reacción a una decisión del gobierno del presidente Evo Morales, secuestraron al viceministro del Interior que había ido a dialogar con ellos y luego, de la manera más salvaje, lo lincharon y arrojaron su cuerpo a la vera de un camino.

Rodolfo Illanes, de 58 años, fue a Panduro, localidad altiplánica a unos 180 kilómetros de La Paz, a cumplir su deber: el de buscar una salida al conflicto laboral con las cooperativas de mineros y a su vez lograr que levantaran el bloqueo impuesto sobre la principal carretera del país. A cambio consiguió que lo retuvieran y luego lo asesinaran, según los primeros registros periciales, por múltiples golpes, uno de ellos con una piedra en la cabeza. Derrame cerebral por golpes y torturas, reza el informe forense.

Al parecer, la orden de uno de los líderes de la protesta es que si moría uno más de sus compañeros por los choques con la policía, quien iba a pagar las consecuencias sería el ministro. Y así fue. Dos mineros han muerto en los enfrentamientos y se investiga la de un tercero.

Lo paradójico de todo esto es que este sector de las cooperativas mineras era un tradicional aliado del gobierno de Evo Morales y es uno de los que más ha crecido y se ha visto beneficiado con las políticas del presidente indígena. Pero la caída de los precios de los minerales lo ha puesto en dificultades y hoy busca mejorar la rentabilidad de sus yacimientos.

En teoría, los que buscan es que se derogue la norma que permite crear sindicatos dentro de las cooperativas, por considerar que esto los perjudica. Pero el gobierno cree que en realidad quieren que se les permita alquilar sus concesiones mineras a empresas privadas o extranjeras, algo que está expresamente prohibido en la Constitución.

Que haya justicia, que el crimen contra el viceministro no quede impune y que las autoridades investiguen y apliquen todo el peso de la ley a los responsables. Para lo demás, el presidente Morales, tan curtido en las luchas sociales y sindicales, con seguridad sabrá qué hacer.editorial@eltiempo.com

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